Laura juntó las manos:
—Al principio también me sorprendió, ni siquiera podía creer que le gustara.
—Pero ahora estoy segura.
—Solo que no sabe expresar sus sentimientos.
Carlos se recostó con desgana:
—¿Ah, sí? ¿Estás segura de que no tiene otros motivos?
—Porque yo no creo que sea capaz de hacer algo así.
Que él anduviera detrás de Laura, bueno, daba igual.
A él nunca le importaron la reputación ni la familia.
Pero Leo era diferente.
La voz de Laura se volvió más fría:
—¿Qué otros motivos podría tener él?
—No soy tonta, y ha hecho demasiado por mí.
—Si tuviera algún otro objetivo, ya lo habría dicho.
—Además, ¿qué podría tener yo que él necesite?
Laura confiaba plenamente en su capacidad, pero siendo realistas, si Leo quisiera, podría contratar a muchos investigadores de primer nivel.
Por eso pensaba que, si la había puesto como jefa de grupo, era por sus sentimientos hacia ella.
Solo que no lo reconocería en público.
En ese momento, sonó el celular de Carlos.
Iba a contestar, pero Laura se lo arrebató y lo apagó:
—¿No puedes dedicarme un poco de tiempo? Carlos, has cambiado.
Carlos suspiró:
—¿Yo he cambiado? Tú cambiarías antes que yo.
—¿En qué he cambiado?
—En cómo me tratas.
Carlos sonrió con amargura:
—Ahora lo más importante para ti es Leo, no yo.
Antes, en cambio, podía sentir claramente que él era lo más importante para su "jazmín".
La expresión de Laura cambió ligeramente:
—Los sentimientos no se pueden controlar, no he cambiado contigo.
—Siempre te he considerado mi mejor amigo.
—¿Ah, sí? —Carlos bajó la mirada, con cierto aire de desolación.
Su voz era muy baja:
—Creí que cuando me dijiste que te esperara bajo el mayor árbol, tenía otro significado.
Aquel día, aunque supo que la número doce era Laura, igual fue al árbol.
Pero la primera persona que vio no fue Laura, sino Valeria.
Se sorprendió:

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