Las dos se sentaron en un rincón.
Valeria le contó a Catalina lo del tema de las noticias.
—Después de aquello, un montón de gente me contactó.
Valeria le enseñó el celular:
—Mira, si no hubiera puesto el modo silencio, no pararía de sonar.
—Todos quieren preguntarme por ti.
Catalina, mientras bebía su refresco, echó un vistazo a la pantalla que Valeria le mostraba.
Justo en ese momento entró un mensaje.
Valeria comentó:
—He descubierto que tienes un talento innato para volverte viral.
—Cada vez que apareces, te conviertes en tendencia.
Catalina sonrió con resignación:
—Si el Sr. Navarro no hubiera reenviado aquello, no habría causado tanto revuelo.
Al fin y al cabo, la gente que sigue la ciencia es mucha menos que la que sigue el cotilleo.
Lo que hizo que este asunto explotara fue que una figura importante reenvió un anónimo.
Que alguien tan relevante dijera que quería conocer a la persona que escribió aquello despertó una gran curiosidad.
Además, en los foros había quien sospechaba que era obra de Lea, ese genio que apareció y desapareció de repente en su momento.
A la gente le encantan las historias de genios que regresan y de identidades misteriosas.
Y así, el tema se volvió tendencia.
—Entonces, ¿los de la familia Torres te han preguntado algo?
—¿Te han puesto en un aprieto? —preguntó Catalina.
Los ojos de Valeria se suavizaron un poco:
—No fue para tanto, busqué una excusa y lo zanjé.
El camarero llegó con la comida.
Colocaron un filete frente a Catalina, y Valeria había pedido pasta.
Mientras comían, Valeria preguntó:
—Catalina, ¿conoces bien a Laura?
Catalina se quedó quieta:
—No, total, ya la detesto de por sí.
¿Quién iba a pensar bien de la amante de su esposo?

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