Leo volvió a mirarla, y esta vez sus ojos tenían un matiz más profundo:
—¿No cenaste bien?
Catalina, con el jugo en la mano, respondió distraída y se fue a tirar al sofá de la sala a esperar su cangrejo.
La verdad, había cenado bien, pero como usó mucho el cerebro, el hambre le llegó rápido.
Eso sí, le daba flojera explicarle demasiado a Leo.
Se quedó recostada en el sofá viendo el celular.
El video del baile se había vuelto incluso más viral que la vez pasada, pero con eso llegaron aún más controversias.
Mucha gente decía que no debían dejar bailar más a Catalina, que siempre estaba usando a la persona con discapacidad para hacerse publicidad y perjudicar a Laura, que era una cruel.
Había quienes la defendían, pero los otros los acallaban rápido.
A ella le pareció raro.
Así que capturó las cuentas que más aparecían y se las mandó a un profesional para que las investigara.
Al rato, el otro le respondió:
"Son todas cuentas dedicadas a dejar reseñas negativas profesionales, pero no sé quién las pagó."
"¿Con quién te metiste?"
Catalina respiró hondo y apagó el celular.
¿Quién más podría haber sido sino Laura?
Su expresión cambió y envió un mensaje.
Ella también podía comprarlo.
***
Al día siguiente, en la presentación del producto.
Cuando Catalina llegó, ya había mucha gente.
Se fue a un rincón, se sentó y miró al presentador del evento.
Poco después, Leo subió al escenario a dar su discurso.
A su lado estaba el robot que iban a lanzar.
Y Laura lo acompañaba, ayudándolo.
Catalina no esperaba que Leo llevara a Laura incluso para hablar.
Lo vio un rato y perdió el interés de seguir mirando.
Justo entonces, le llegó una notificación en el celular:
"¡Exclusiva! Escándalo amoroso de cierta empleada con discapacidad de apellido Suárez..."

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