El día del cumpleaños de don Diego, Catalina se las arregló para llegar en un horario distinto al de Leo.
Le dijo a doña Carla que tenía que ir a firmar un contrato con la compañía.
Como la otra parte había cambiado la hora de último momento, apenas terminara de firmar iría directo al banquete.
Por suerte, doña Carla andaba ocupada con otros asuntos y no le prestó mucha atención:
—Entonces asegúrate de llegar temprano.
—No puedes llegar tarde, sería una falta de respeto.
Catalina asintió.
Ya había hablado de esto con Manuel desde antes.
Si tenía que ir sí o sí, lo único que podía hacer era asegurarse de que Ernesto no la reconociera.
Planeaba maquillarse de forma muy llamativa.
Antes, cuando salía con sus dos mejores amigas, solía maquillarse así.
Pero desde que se distanció de ellas, dejó de hacerlo.
Por suerte, todavía recordaba cómo hacerlo.
Catalina se miró al espejo, estaba satisfecha.
Con ese maquillaje tan cargado, casi ni ella misma se reconocía, mucho menos Ernesto, a quien solo había visto un par de veces.
***
Mansión Drusila.
Catalina vio a Laura entregando su invitación en la entrada.
Cuando Catalina llegó a la puerta, escuchó que un sirviente de los Drusila la llamaba "Srta. Suárez".
Parecía que ya se conocían.
Además, Laura tenía su propia invitación, lo que significaba que los Drusila la habían invitado personalmente.
Catalina pensó que los Drusila no habían perdido tiempo en congraciarse con la nueva señora de los Cantú.
Al entrar, oyó a unos invitados conversando:
—Varios de los estudiantes que don Diego becó en su momento también van a venir.
—Dicen que ahora les va muy bien.
—Don Diego realmente tiene buen ojo.
Catalina comprendió de repente.
Así que Laura era una de las becadas de don Diego.
Los mismos invitados continuaron:
—Y oí que una de ellas se consiguió al nieto de la familia Cantú. Eso sí que es impresionante.
Así que los rumores sobre Leo y Laura ya habían circulado un poco.
A Catalina no le importó y siguió caminando.

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