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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 705

Capítulo 705

A Olivia le bastó mirar a Paulina para sacar una conclusión: ¿Adrián le había regalado todo eso? Como era de esperarse, él nunca se había medido con el dinero.

—Ah, ¿son falsos? —Olivia ni se inmutó—. ¿Y los zapatos que tienes puestos también son falsos? Esos están tan cotizados que los originales cuestan al menos setecientos dólares, ¿no?

Los susurros de la gente empezaron a cambiar de tono.

—Pues sí, y eso que dice que trabaja para pagar la colegiatura. Con lo que trae encima le alcanza para pagar tres años.

—Ella dice que son falsos, ¿y si sí lo son?

—Quién sabe...

Entonces, antes de que Olivia tuviera que añadir nada, algún entrometido gritó:

—iPues que muestre el recibo de la compra y salimos de dudas!

Paulina ya estaba desesperada. Miraba a Adrián y balbuceaba, a punto de echarse a llorar.

—Yo... yo los compré en un puesto callejero... ¿de dónde voy a sacar un recibo?

Otro dijo:

—Pues abajo hay una boutique oficial de la marca; bajemos, pidámosle a un empleado que los revise y listo.

—Yo... no voy... ¿por qué tengo que ir? ¿Quiénes son ustedes? ¿Por qué tengo que demostrarles algo? ¡Si dicen que los míos son auténticos, entonces demuestren ustedes que son originales! ¡Ustedes están mintiendo! ¿Por qué tengo que probar mi inocencia? —Paulina se puso agresiva; presa de la desesperación, hasta se le olvidó hacerse la víctima.

A Adrián se le terminó de endurecer la cara. Hasta la empleada de El Asador, que la tenía abrazada, la soltó y la miró con curiosidad.

Una muchacha que decía venir de una familia pobre y que, encima, era estudiante de bachillerato, pero adoraba vestirse de marca, ya no resultaba muy creíble, dijera lo que dijera sobre si su ropa era original o falsa.

Y así fue. Alguien dijo:

—Eso, eso, a comer.

—Usted dijo que nos invitaba a todos a comer gratis. ¿ Lo va a cumplir? —Alguien temía que a estas alturas Adrián se echara para atrás.

Adrián por fin reaccionó.

—Claro que sí.

—Vamos, vamos, ahora no hay mesas; demos una vuelta y volvamos para comer.

Así, los que ya estaban comiendo volvieron al restaurante; los que no habían conseguido mesa se fueron a dar una vuelta.

Esa vez, la zona de espera por fin quedó en calma.

Hasta la empleada del Asador dejó sola a Paulina y volvió a su puesto. Solo quedaron los cuatro frente a frente: Adrián, Daniela y Olivia de un lado, y Paulina sola del otro.

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