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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 702

Capítulo 702

—¿Qué clase de escena de celos es esta? ¡Esto ya es acoso! ¡Hay que llamar a sus padres!

—Llamar a sus padres no va a servir de nada. ¡Yo digo que hay que llamar a la policía! Tan chicas y ya están seduciendo hombres y aprovechándose de una pobre niña.

Daniela estaba que echaba humo; se arremangó, dispuesta a abalanzarse sobre Paulina y partirle la cara, pero Olivia la sujetó con fuerza y le hizo señas para que se calmara.

Daniela era franca, joven e ingenua. ¿Cuándo había visto algo asi? Se enfureció en el acto, pero, al calmarse, entendió que, si se le iba encima a Paulina, no haría más que darle fuerza a la versión de que se estaban aprovechando de ella. Eso terminó de enojarla y volteó a ver a Adrián.

En ese momento él tenía la cara tensa. Después de tantos años de conocerlo, Olivia sabía que detrás de esa rigidez habia ira, pero no la dejaría salir; solo se pondría frío y duro como el hierro. En realidad, la escena frente a ella se parecía mucho a lo que pasó en aquel último año de preparatoria, tantos años atrás.

En ese entonces Adrián ya había abierto su restaurante. Paulina rondaba por el hospital y, por lo que le contaban las enfermeras y otros pacientes, se enteró de que Adrián ya tenía un restaurante y que su familia poseía una hacienda enorme pese a lo joven que era. De no ser por eso, Paulina jamás se habría tomado tantas molestias.

Pero en ese tiempo Adrián solo recordaba a Paulina como la voluntaria que lo había ayudado a cuidar a su abuela, un angelito de buen corazón y cara bonita.

Solo que ese angelito tenía otra cara, una que Adrián no veía. Lo que estaba pasando ahora le resultaba demasiado familiar. Aquel último año de preparatoria, ella y Daniela todavía iban con entusiasmo a reunirse en el restaurante de Adrián.

Por entonces, Olivia todavía no sabía que Paulina ya había robado su papel como voluntaria.

Cuando llegaban al local, Paulina seguía actuando como si fuera la dueña, presumiendo a cada rato su cercanía con Adrián y lanzándoles indirectas a Olivia y Daniela.

Esa noche, si Federico no la hubiera sujetado, Daniela se habría lanzado a pegarle con una botella; así de furiosa la habían puesto.

En realidad, el verdadero blanco de Paulina nunca fue Daniela, sino Olivia.

Esa noche, Paulina, con cara de pena y los ojos enrojecidos, se acercó a tomarle la mano a Olivia y le pidió que no se enojara, que ella y Adrián solo eran amigos.

—Si crees que estando aquí afecto tu relación con Adri, puedo desaparecer. Alguien como yo no merece compasión ni un buen futuro. ¿Cómo voy a merecer estudiar para tener una mejor vida? —Mientras hablaba, las lágrimas corrían a chorros.

A Adrián se le derritió el corazón al instante y enseguida tomó partido. Él era el dueño, él decidía a quién invitaba y, si alguien tenía objeciones, que no volviera a poner un pie en el local.

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