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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 668

—Con tanta gente en el autobús, ¿qué había que temer? —dijo ella, como si fuera obvio.

De la parada del autobús al edificio comercial, el camino estaba bordeado de fresnos y había gente que iba y venía.

Caminaban entre la multitud, en silencio.

—Olivia… —Intentó hablarle varias veces, pero cada vez que pasaba un grupo de gente se quedaba callado, y al final, cuando llegaron al edificio, no había dicho nada.

Ella ni se imaginaba que él quería decirle algo. Al llegar a la puerta de la pastelería en la planta baja, le hizo un gesto con la mano y dijo:

—Adiós, ya me voy.

Se quedó mirándola alejarse; al final, se tragó todo lo que quería decir. Cuando Olivia terminó de bailar, ya habían pasado dos horas.

Había quedado con su primo en que pasaría por ella, pero a Santiago lo atrapó el tráfico en el camino y no llegaría a tiempo; todavía tardaría veinte minutos.

Estaba pensando si esperar ahí en la acera o subir a dar una vuelta por el supermercado del edificio o por el centro comercial cuando, al darse vuelta, descubrió que Adrián estaba detrás de ella, mirándola.

—¿Ya saliste? —preguntó sin pensar.

—Casi. —La miraba bajo la luz del poste; tenía la frente cubierta de un sudor fino.

Para bailar, se recogía el cabello en un moño alto que dejaba al descubierto el cuello delgado; se veía especialmente elegante, como… un cisne.

—¿Estás esperando el autobús? —preguntó al notar que llevaba un rato mirando el celular.

—Ajá. —Algo así.

—¿Cuánto falta?

—Unos veinte minutos —dijo; eso le había dicho Santiago.

—Ah, ¿sí? —Menos mal; si no, habría creído que la que tenía enfrente no era la Olivia que conocía.

—Aunque, la verdad, a nosotros también nos conviene comer de este tipo de pan y prepararlo con pechuga de pollo y brócoli, para perder grasa y ganar músculo. —Olivia hablaba mientras seguía eligiendo.

Él no contestó; tenía la mente en otra parte.

—Olivia… —Adrián por fin se animó a sacar algo de lo que venía callando—. El otro día fui a tu salón y vi la bola de cristal de Leonardo.

Olivia se quedó inmóvil un instante, con el pan en la mano. ¿La bola de cristal que al principio era para él?

—Es muy bonita. Seguro tardaste mucho en hacerla. —Sonrió como pudo para tantear el terreno.

—Solo son cosas bonitas, pero inútiles. —Lo dijo sin pensar, sin la menor intención de herirla; solo después de decirlo notó que había sonado fuera de lugar.

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