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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 666

Apuró el paso y subió al mismo autobús que ella.

Era hora pico y el autobús iba lleno. Olivia había subido primero y quedó atrapada en el centro, mientras él iba apretado en la parte delantera. Entre ellos había varias filas de gente; si no se buscaban a propósito, era imposible que se vieran.

Por eso, Olivia no sabía que él iba en el autobús.

Él apenas alcanzaba a verle el perfil de vez en cuando, en las curvas. Ese verano se había bronceado bastante, pero sus rasgos se veían más definidos; ya no era la muchachita tímida de antes.

El sol del atardecer le daba de perfil, como si la bañara en oro, y ella resplandecía.

El autobús llegó a una parada, bajaron varios pasajeros y se abrió un poco de espacio. Se desplazó hacia donde ella estaba y quedó más cerca.

Solo los separaban dos o tres personas. Subió mucha más gente y volvieron a empujarlo hacia el fondo. Olivia seguía sin verlo; miraba distraída por la ventana.

Entonces él también se quedó absorto. De pronto, hubo un movimiento brusco dentro del autobús y Olivia alzó la voz:

—¿Qué haces? ¿Qué crees que haces? ¡Sácalo!

Adrián la miró. Se abrió paso entre esas dos o tres personas mientras oía gritar a un hombre con prepotencia:

—¿Que qué hago? ¡Niña, no digas cosas a lo loco!

—¡Te vi robando y todavía lo niegas! —Olivia no titubeó ni un segundo.

—¡Niña! ¡No mientas o te va a tocar una golpiza! —Un hombre con un pantalón de trabajo holgado se arremangó y se le fue encima a Olivia.

Adrián atravesó el último grupo de gente, se interpuso entre Olivia y el hombre y la protegió tras él. Miró con frialdad al tipo que tenía enfrente.

—¿Qué crees que vas a hacer?

El Adrián de entonces era muy joven y parecía estudiante, pero era alto; le sacaba media cabeza al hombre que tenía enfrente.

—¡Escuchen! ¡Está sonando en su bolsillo! ¿No vas a sacar el celular? —Olivia señaló el bolsillo grande del pantalón de trabajo del hombre.

El hombre evitó mirarla.

—Ese es mi celular. ¿No puede llamarme alguien, o qué?

—¡Pues contesta! ¡A ver, sácalo y contesta! ¡A ver quién te está llamando, a ver si no es mi número! —Olivia lo iba acorralando.

El hombre no se atrevió a contestar y cambió de pretexto:

—No quiero contestar, son llamadas de acoso. ¡No tengo por qué contestar!

—¡Pues sácalo, sácalo para ver si la última llamada perdida no es la mía! —Olivia señaló el bolsillo del pantalón, donde la pantalla del celular seguía parpadeando.

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