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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 641

Capítulo 641 -Ya vete, estoy bien.

Olivia recordó entonces al Adrián que yacía en la cama del hospital y que, casi sin vida, se esforzaba por sonreírles a ella y a su abuela; no pudo contener la emoción.

-Ay... -Bajo el sol del atardecer, eljoven Adrián le revolvió el cabello-. No es para tanto; todos los caminos llevan a Roma.

Olivia retrocedió por instinto. Pero él abrió la mano.

Tenía un trocito de papel en la palma.

-Se te había pegado al cabello.

-Ah, gracias. -Olivia entendió mal su gesto.

-Tengo que volver al trabajo. Vuelve sola a casa. Nos vemos mañana. -Se despidió con la mano.

Ella se quedó ahí, todavía quería preguntarle qué significaba eso de "todos los caminos llevan a Roma", pero él insistía en apurarla.

-Vete ya, pronto va a oscurecer. Lo que tengas que decirme me lo dices mañana en la escuela.

Adrián aún tenía que entrar a trabajar; se dio la vuelta y volvió corriendo.

Olivia lo vio desaparecer por la puerta de la tienda; luego dio media vuelta y se dirigió a la estación de autobús.

Bueno, ya habrá tiempo de hablar. Adrián terminó su turno en la pastelería a las once de la noche; volvió a casa en metro y llegó a las doce. En casa, su abuela le había dejado comida todavía tibia en la cocina.

Al escuchar el ruido, ella salió de su cuarto, entre enternecida y preocupada.

-¿Por qué llegaste más tarde que de costumbre hoy?

-Estaba leyendo en la biblioteca y se me pasó la hora. -Adrián no le había contado a su abuela que trabajaba medio tiempo en la pastelería.

Esa noche había comido uno de los panes tostados que daban en la tienda, pero seguía con mucha hambre; sacó la comida y empezó a comer a grandes bocados, con ganas.

La abuela se sentó frente a él y lo observó comer, sonriendo. Era uno de esos raros momentos de calidez entre abuela y nieto. Entre semana estaba ocupado con la escuela, y los fines de semana salía a "leer"; por eso ese breve instante resultaba especialmente valioso.

-¿Cómo van las clases últimamente? ¿Muy pesadas?

Tenía razón. Esa casa guardaba demasiados años de la vida de su abuela; él no tenía derecho a deshacerse de ella, así como así.

La abuela sonrió con más ternura.

Ya podía imaginar a Adrián creciendo, estudiando en la universidad, casándose y teniendo hijos; veía cada etapa con claridad y pensaba en lo alegre que estaría esa vieja casa en el futuro. Lo único que no sabía era si llegaría a verlo.

-¿Por qué quieres vender la casa? -A la abuela le resultó extraño.

-Por nada. -Adrián estuvo a punto de decir algo, se contuvo y, al cabo de un momento, volvió a hablar-.

Abuela, si me voy a estudiar a una universidad en la capital, ¿me acompañarías?

Solo entonces la abuela entendió. Quería irse de Altabrisa; con razón quería vender la casa...

-Claro que sí. -La abuela sonrió. Por supuesto, le decía que sí a todo; ni siquiera le preguntó por qué.

Cuando un muchacho quiere entrar a una universidad en particular, solo puede ser por dos motivos: su futuro o una chica. Fuera cual fuera, ella lo apoyaba.

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