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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 613

Capítulo 613 Primer día del año.

Pasó la noche entre sueños y despertares; en los sueños volvía a la preparatoria y al despertar regresaba a la realidad. Hacia la madrugada por fin durmió, y cuando volvió a abrir los ojos ya era casi mediodía.

Olivia bajó las escaleras. La abuela ya tenía empacado el almuerzo y estaba lista para llevarlo al hospital.

Por temor a que a Anna no le sentara bien la comida, también había preparado algo más acorde a sus gustos.

—Abuelita, ¿por qué no me despertaste? —Por lo que veía, si ella no bajaba, la abuela pensaba ir sola al hospital.

La abuela arrugó apenas la frente con preocupación, pero fue solo un instante, casi imperceptible.

—No hacía falta. Ir a verlo es algo que me nace.

—Espérame un momento. Yo también voy. —Olivia supuso que la abuela actuaba así porque Adrián, igual que ella años atrás, había arriesgado su vida para salvarlas; solo que Adrián no había salvado únicamente a la abuela, sino también a ella...

Cuando llegaron al hospital, la puerta de la habitación estaba cerrada. Olivia tocó y salió Anna, que en cuanto la vio se puso nerviosa y cerró la puerta.

—A Adrián le están haciendo curación.

Cuando la puerta se abrió y volvió a cerrarse, Olivia alcanzó a ver dentro a un médico de bata blancа inclinado sobre la cama.

Seguramente le estaban cambiando las vendas.

—¿Cómo está hoy? —preguntó Olivia, de pie en la puerta.

Anna asintió.

—Está... está bien.

Para evitar que los fideos del caldo se apelmazaran, la abuela había guardado el caldo y los fideos por separado; ahora bastaba con verter encima el caldo de carne caliente y quedaba un tazón humeante y aromático de caldo de carne con fideos.

Pero para un enfermo, hasta la comida más rica llega a ser una carga. Apenas bebió medio tazón de caldo y ya no pudo seguir.

Aun así, como temiendo decepcionar a la abuela, tras descansar un buen rato hizo el intento de comer un poco más de fideos, pero solo probó unos bocados y luego negó. Se veía agotado.

Olivia vio cómo a la abuela se le pusieron los ojos vidriosos en ese momento; aun así, solo dejó el tazón a un lado y guardó intacta la comida que había traído especialmente para Anna.

Para no interrumpir el descanso de Adrián, Olivia y la abuela apenas se quedaron un momento y enseguida se dispusieron a irse.

Al irse, Adrián llamó a Olivia para que se detuviera.

—Mañana no tienes que venir. Tampoco puedo comer mucho. Cuando me sienta mejor, iré a la casa y, aunque la abuela no quiera cocinar para mí, de todos modos la voy a fastidiar hasta que lo haga. Yo, cuando me pongo necio, soy bien necio. —Lo dijo fingiendo despreocupación, pero su expresión lo delató. En ese momento, el dolor le crispaba un poco las facciones.

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