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Mi Desamor Ideal (Adrián y Olivia) romance Capítulo 595

Capítulo 595 El Año Nuevo estaba a la vuelta de la esquina.

Aunque vivían en el extranjero, para la familia Muñoz el Año Nuevo seguía siendo la fiesta más importante del año.

La abuela, sobre todo, en cuanto se acercaban estas fechas se ponía sin falta a preparar las celebraciones según las costumbres de su tierra. Eran cosas que los empleados contratados en casa de Lorena no sabían hacer, así que Lorena, Olivia y Santiago se encargaban de todo junto a la abuela.

Olivia, en especial, como todavía no empezaban las clases, tenía más tiempo para ayudarla.

Preparaban la cecina, colgaban papel picado e incluso consiguieron un pequeño molino para preparar ellos mismos la masa de los buñuelos.

Nadie dijo cosas como "si tenemos jamón serrano del mejor, ¿para qué queremos cecina?", ni "en las tiendas venden buñuelos de todos los sabores, ¿para qué hacer la masa uno mismo si da tanto trabajo?" Todos consentían encantados aquella costumbre de la abuela y, además, disfrutaban hacerlo.

A Santiago hasta le picó la curiosidad por el molino.

Buscó tutoriales en internet y una vez se levantó tempranísimo para preparar atole y un flan casero desde cero. Después, suspiró maravillado.

-Lo hecho a mano es otra cosa. ¡Qué rico está!

La abuela no paraba de reír. Esa noche, además, preparó un guiso con la masa que había sobrado, y a Santiago se le abrieron los ojos como platos.

-¿Qué es esto? ¡Nunca lo había probado!

Y ese día él solito se comió medio plato de aquel guiso.

Al ver a la abuela con la cara radiante de felicidad, Olivia también se sentía muy contenta. Tener una familia así, que nunca le arruinaba la fiesta a nadie, era una dicha...

Los ajetreados preparativos previos al Año Nuevo avanzaban sin contratiempos, y la rutina diaría de Olivia y la abuela seguía un patrón muy fijo. Del supermercado a la casa, del centro comercial a la casa o del mercado a la casa.

La ventanilla del auto se bajó; alguien asomó un arma y le apuntó a Olivia.

Uno de los guardaespaldas reaccionó rápido y la empujó; el disparo lo alcanzó a él. El otro guardaespaldas le dio una patada a la mano que sostenía la pistola y el arma cayó al suelo, pero el auto lo arrolló a él y lo lanzó por los aires.

El auto no frenó. Siguió directo hacia Olivia. Ella sostenía a la abuela y vio que no había forma de esquivarlo. Adrián se abalanzó contra el auto y el golpe lo lanzó por los aires.

En ese momento, Alan regresó y disparó a la vez que el guardaespaldas tendido en el suelo. Las balas rebotaron en la carrocería y el auto se alejó a toda velocidad.

Toda la secuencia duró apenas unos segundos. La abuela aún no entendía qué había pasado cuando el auto ya había huido, dejando a tres personas tiradas en el suelo: los dos guardaespaldas y Adrián. Alan sostenía a la abuela con un brazo mientras, con la otra mano, hacía una llamada.

La señal también era mala y Alan, desesperado, cargó a la abuela en brazos.

-Señorita, sígame.

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