La mirada de él cambió de cálida a glacial en un instante.
Viviana palideció.
Desde su conversación y comportamiento, Viviana pudo discernir que la relación entre esos dos no era común.
¡Adda había logrado acercarse al Supremo Potentado!
En sus ojos brotó una envidia y una ira inigualables.
Pero bajo la gélida mirada de Davis, se convirtió en una súplica: "Señor Davis, por favor, déjeme ir, no fui yo, fue Brisa, ella me dio toda la información. El día que renuncié, de repente me entregó una carpeta con documentos. Para conseguir el puesto de presentadora en Horario Prime, me hizo publicarlos en internet el último día de votación. Solo fui utilizada por Brisa."
Viviana sabía lo que significaba cruzarse con este Señor Davis.
Durante su época universitaria en Imperatoria, había escuchado muchas historias sobre él.
Se decía que era despiadado, con una apariencia angelical pero un corazón demoníaco. Aquellos que lo ofendían o desaparecían sin rastro o morían sin un lugar donde ser enterrados.
La voz de Davis era helada: "Incluso las herramientas deben ser descartadas. Te doy tres días para dejar Altópolis, no quiero volver a verte. De lo contrario, te aseguro, en este vasto Colibría, no tendrás dónde esconderte."
El rostro de Viviana palideció, tan desesperada que no pudo articular palabra.
Adda obtuvo la respuesta que quería y también se levantó.
Davis tomó su mano, con un tono suave: "¿Por qué tienes las manos tan frías?" Acto seguido, se quitó su chaqueta y la cubrió sobre los hombros de Adda.
Al salir del restaurante, Adda dijo: "Gracias por tu ayuda, te debo un favor."
Solo el poder del Señor Davis Ravello podría poner a Viviana en la lista negra de los medios.
El salón era amplio, algunos cantaban, otros jugaban cartas, y algunos más bebían y jugaban con dados en los sofás.
La mesa estaba cubierta de regalos y un enorme pastel ya partido.
"Davi, ya volviste, ¿dónde estabas…?"
Una chica vivaz corrió hacia la puerta al ver a Davis, su voz tan alegre como la de un ruiseñor. Pero al ver a Adda al lado de Davis y la chaqueta de este sobre sus hombros, su expresión cambió drásticamente. Su tono se elevó, lleno de hostilidad: "Davi, ¿quién es ella?"
Los demás también volvieron en sí y dirigieron su mirada hacia la puerta.
Allí estaba Davis, acompañado de una mujer, lo que los dejó sorprendidos.
"Ella es mi novia," dijo Davis con voz tranquila, y suficiente para que todos en el salón lo escucharan.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Amante, el Potentado Secreto