Brisa se tumbó en la cama. Miraba a Adda con ojos suplicantes, como un cachorro inocente. Si esto hubiera sucedido antes, Adda habría pensado que Brisa estaba fingiendo de nuevo. Pero ahora, viendo su expresión, solo sentía un dolor agudo en el corazón.
"Brisa, ¿qué es lo que realmente quieres decir?"
"¿Cómo está mi hijo?"
Los labios de Brisa aún estaban manchados de sangre, destacándose por su intensa tonalidad roja. Adda respondió: "Está bien, puede comer y dormir, está saludable, solo está un poco más delgado que los bebés que nacen a término".
Parecía que Brisa soltaba un suspiro de alivio. Brisa dijo: "Adda, me equivoqué, realmente me equivoqué. Si tuviera otra oportunidad, jamás te trataría así. ¿Podrías perdonarme?"
"Podemos hablar de eso más tarde, ¿vale?"
Brisa negó con la cabeza: "Estoy a punto de morir, lo sé. No puedo estar contigo, ni ver a alguien más feliz contigo. Esto también es una liberación para mí, Adda. No te molestaré más".
Adda vio cómo los indicadores del monitor al lado empezaban a parpadear en rojo y a emitir señales de alarma. Ella estaba extremadamente ansiosa: "Brisa, deja de hablar, no vas a morir. Primero sobrevive, luego podemos arreglar nuestras cuentas poco a poco".
Brisa tosió violentamente, escupiendo sangre de nuevo. Pero Adda estaba siendo agarrada fuertemente por ella, temiendo herirla si se esforzaba demasiado.
"Ya no hay más oportunidades, Adda. He hecho demasiadas cosas malas en esta vida."
Brisa comenzó a toser violentamente, escupiendo sangre en grandes cantidades. La almohada estaba teñida de rojo. Y cuando cayó de nuevo, finalmente soltó la mano de Adda.
"Adda, quiero ver al niño..."
Su voz era casi inaudible. Apenas podía articular una palabra completa. Pero Adda entendió perfectamente. Tan pronto como fue liberada, Adda presionó el timbre en la pared sin dudarlo.
Los médicos y enfermeras llegaron rápidamente. Después de un examen rápido, descubrieron que la situación era extremadamente grave. Brisa estaba sufriendo un fallo orgánico total. Sus signos vitales eran extremadamente débiles. Parecía haber vuelto a caer en coma. Los médicos comenzaron a hacer todo lo posible por salvarla de nuevo.
Adda corrió fuera de la habitación. Felipe, que parecía darse cuenta de que algo andaba mal, sus ojos vacíos comenzaron a enfocarse. Se apoyó contra el vidrio de la sala de emergencias, mirando fijamente hacia adentro.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Amante, el Potentado Secreto