"Papá..."
Davis habló.
"Silencio." El anciano lo interrumpió fríamente.
Su mirada seguía fija en el tablero de ajedrez.
Davis se encogió de hombros ante Adda como disculpa.
Luego, no les quedó más remedio que sentarse en el sofá cercano.
Adda estaba algo inquieta.
Preguntó en voz baja: "¿Qué hace tu papá?"
Davis explicó: "¿Ves el tablero de ajedrez frente a él? Ese tablero es más viejo que yo. Él ha intentado resolverlo durante décadas sin éxito. Se dice que fue un desafío planteado por su eterno rival. Se ha convertido en su obsesión y pasa horas sumergido en él cada día."
Adda miró hacia allá: "¿Ajedrez?"
Davis asintió con la cabeza.
Eso despertó el interés de Adda.
El ajedrez era lo que mejor había aprendido con su maestro, entre todas las artes marciales y estrategias.
Incluso su maestro decía que tenía un talento especial para el ajedrez.
Adda se levantó y se acercó sin darse cuenta.
Como aficionada al ajedrez, estaba muy interesada en tableros de ajedrez difíciles de resolver.
Se detuvo junto al tablero.
Lo observó detenidamente y se sorprendió.
¿No era este el famoso desafío de su maestro?
Viendo al anciano sumido en sus pensamientos, Adda señaló un movimiento: "Señor, intente mover aquí."
El anciano, interrumpido en sus reflexiones, se mostró molesto.
Alzó la vista hacia Adda: "¿La señorita Atenas también sabe de ajedrez?"
Adda respondió con modestia: "No mucho, pero resolver esto no es difícil."
La expresión del anciano se tornó aún más seria y fría.
¿De dónde salía esta joven, hablando con tanta confianza?
Había estado estudiando este tablero durante sesenta años.
¿Acaso no había considerado ya el movimiento que ella sugería?
No importa cómo se jugara, parecía imposible decidir un ganador.
Había estudiado este tablero durante muchos años, explorando cada posible movimiento, incluido el que Adda había elegido.
Solo que él había asumido que era un callejón sin salida y no lo siguió hasta el final.
No esperaba que de ese callejón sin salida surgiera una victoria aplastante.
"¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!"
El anciano se echó a reír a carcajadas.
"¡Bien, bien, bien! ¡Qué maravilla, es simplemente maravilloso!"
El tablero que había confundido al anciano durante casi sesenta años había sido resuelto. Se sintió como si una pesada piedra que había estado oprimiendo su pecho durante años fuera retirada por manos invisibles.
De repente, podía respirar libremente.
"El tablero de ajedrez que dejaste finalmente ha sido resuelto.
Lástima que quien lo resolvió no fui yo, sino una joven muchacha."
El anciano estaba emocionado.
Su voz parecía brotar desde lo más profundo de su pecho: "Qué joven talentosa, qué asombrosa."
El anciano cerró los ojos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Mi Amante, el Potentado Secreto