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Mi Amante, el Potentado Secreto romance Capítulo 241

Davis miraba fijamente a la pequeña figura en el árbol, frunciendo el ceño profundamente.

La niña, sentada en una rama, seguía balanceando sus pequeñas piernas regordetas: "El agua del río por la noche está muy fría, esa sensación no es nada agradable."

Aunque parecía muy joven y su voz era infantil, sus palabras tenían una decisión y claridad que superaban su edad.

"Vete de aquí." Un destello de ira cruzó el rostro de Davis, de diez años.

En ese momento, su corazón ya estaba muerto.

A pesar de tener solo diez años, como heredero de la familia, ya poseía una madurez cercana a la de un adulto.

Había descubierto los secretos más sucios, oscuros y vergonzosos de su familia.

A esto se sumaba el acoso de su hermana mayor Olivia.

La razón por la que estaba hospitalizado era porque Olivia, sabiendo que él le temía al agua y no sabía nadar, lo había empujado ella misma a la piscina.

Luchó desesperadamente dentro del agua.

El aire en sus pulmones se agotaba poco a poco.

Lentamente, se fue hundiendo en el fondo de la piscina.

Y Olivia simplemente se quedó mirando desde el borde.

Davis, desde el fondo, la miraba a través del agua turbulenta, aún podía ver la indiferencia en sus ojos.

En ese momento, Davis se desesperó por completo.

Pensó que sería mejor estar muerto.

Pero al final, fue encontrado por el mayordomo, quien lo sacó del agua.

Cuando lo sacaron, ya había estado sin respirar por varios minutos.

La anciana lloraba mientras lo llevaban al hospital.

Al despertar, vio a Olivia justo al lado de su cama.

Él mintió diciendo que no recordaba lo sucedido.

El doctor sugirió que podría ser amnesia temporal debido a la asfixia.

Pero él lo recordaba todo.

Recordaba cómo Olivia lo había empujado a la piscina.

Recordaba cómo gritaba pidiendo ayuda mientras luchaba, pero Olivia lo miraba indiferente.

Recordaba la desesperación y la debilidad mientras se hundía lentamente.

"Soy imprudente, y acabo de aprender a nadar, todavía no soy muy buena, así que si intento salvarte, podrías acabar arrastrándome contigo y ambos podríamos ahogarnos."

Una chispa de sorpresa cruzó los ojos de Davis: "No quiero que me salves."

"Pero yo no puedo quedarme mirando cómo mueres."

Davis miró a esta pequeña niña de baja estatura.

Su corazón se llenó de una complejidad indescriptible.

Una pequeña desconocida decía que no podía quedarse mirando cómo moría.

Mientras que una hermana de sangre había sido capaz de empujarlo al infierno con sus propias manos.

En ese instante, Davis se sintió profundamente triste.

Davis se quedó en silencio, mirando fijamente la tranquila superficie del río.

Pero por dentro, era un torbellino de emociones.

La niña continuó preguntando: "Amiguito, ¿por qué quieres morir?"

Probablemente nadie pondría barreras psicológicas a una niña de cinco años: "Porque no puedo encontrar una razón para seguir viviendo."

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