Adda se enderezó y miró hacia la puerta.
Sus ojos se encontraron, y el aire pareció congelarse. Desde su regreso de Imperatoria, no se habían visto. Ya había pasado más de medio mes.
Adda observó a Davis, quien parecía tranquilo. Su voz era calmada, sin mostrar emoción alguna. Pero también era fría, carente de cualquier sentimiento: "¿No estabas borracho?"
Davis permanecía erguido en la puerta. Su rostro era frío, sus ojos claros, no parecía en absoluto alguien que hubiera bebido. Sin embargo, había un ligero rubor en sus mejillas. Contra su piel pálida, incluso parecía un poco tierno.
Davis entró. Mirando la maleta en el suelo, su voz se volvió gélida: "¿A dónde planeas mudarte?"
Adda nunca había pensado en mudarse. Solo estaba empacando para ir a París mañana. Pero no quería explicarle nada a Davis.
"Esto no te concierne."
Adda ignoró a Davis y regresó al vestidor. Continuó empacando su ropa. Justo al salir del vestidor, chocó directamente contra el pecho de Davis. Él, como una montaña, bloqueaba la puerta. Su mirada era profunda y fija en ella.
Fue entonces cuando Adda se dio cuenta. Este hombre había bebido. Y no poco. El olor a alcohol era fuerte en él. Involuntariamente, se acercó a olerlo. No pudo evitar fruncir la nariz: "¿Cuánto tequila bebiste?"
El lóbulo de la oreja de Adda era extremadamente sensible. En el pasado, siempre que él besaba ahí, Adda se excitaba. El hombre intentaba complacerla con todas sus fuerzas. En el pasado, esto siempre había funcionado con Adda. Pero ahora, Adda yacía en la cama, sin resistirse ni aceptarlo. Miraba al hombre frente a ella con ojos fríos.
El hombre, viendo su indiferencia, se apoyó en sus brazos para mirarla. Estaban tan cerca que sus narices casi se tocaban. Sus alientos se mezclaban. Adda podía oler el fuerte aroma a tequila en él, pero aún así no podía ocultar ese distintivo aroma frío que emanaba de él, como el sándalo, como una ráfaga de orquídeas silvestres del bosque.
Eso era lo que más fascinaba a Adda. Ese aroma siempre la hacía sentir en paz. Adda casi perdió la razón, pero fue solo un momento de vacilación. Pronto recobró la sensatez.
"Davis, levántate."

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