Brisa siempre se recostaba en su hombro: "Adda, eres como la luna en el cielo, y yo soy solo una hormiga en la tierra. Gracias por ser amiga de alguien como yo."
"Brisa, ¿qué cosas estás pensando ahora?" Adda la abrazó por los hombros sin mucha ceremonia.
"Eres mi luna, pero no solo mía. Tengo tanto miedo de que algún día me dejes."
Adda se levantó, poniendo las manos en la cintura: "Tú sí que te has vuelto loca de tanto estudiar, siempre tan melancólica." Luego le extendió la mano: "Brisa, seremos amigas para siempre."
Recordando esa escena, Adda solo podía encontrarla irónica. Una persona a la que había tratado con sinceridad resultó ser quien más profundamente la traicionó...
Volviéndose a la realidad, Adda entró directamente a la casa y bajó al sótano. Revisó las cosas que su compañero había enviado. Perfecto. Parecían muy hambrientos.
Después, subió al pequeño ático en la cima de la villa. Era una sala de monitoreo. Alrededor de la villa, el patio y cada pasillo de las habitaciones, había cámaras de seguridad. Adda encendió los equipos de monitoreo. Filas de pantallas se iluminaron instantáneamente. Adda se sentó en la silla, esperando tranquilamente.
Adda rió con sarcasmo: "¿Me lo pides a mí? Qué buena eres para poner etiquetas, como si Felipe no quisiera al niño en tu vientre tuviera algo que ver conmigo, como si yo hubiera incitado a Felipe a deshacerse del niño. Brisa, realmente sabes cómo chantajear moralmente."
"No quise decir eso, es solo que Felipe se siente culpable contigo, por eso es tan duro conmigo. Si tú me perdonas, seguro que él también podrá superarlo."
Brisa ya estaba a medio metro de Adda. De repente, se arrodilló: "Adda, he hecho muchas cosas malas contra ti, pero mi hijo es inocente. Por favor, por ser una vida pequeña, dejemos atrás lo pasado, ¿podemos?"

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