Incluso para Felipe, quien había compartido más de veinte años de amistad con Adda, este incidente se convirtió en la última gota que derramó el vaso.
La voz de Davis se volvió aún más fría, como si fuera un puñal a punto de ser desenfundado: "Brisa, ¿acaso has viajado en el tiempo desde la era feudal?"
"La Edad Media ha desaparecido hace años, pero tú siendo mujer, aún usas esos estándares para atar y oprimir a otra mujer."
"Quizás tú misma te adhieras a las costumbres feudales, pero no todas las mujeres son como tú. Ellas son libres y brillantes."
"En mi corazón, no me importa el pasado de Adda ni con cuántos hombres haya tenido relaciones. Son precisamente esas experiencias las que han moldeado a la mujer que está ante mí: brillante, radiante, auténtica."
"En mi corazón, ella es la mujer más pura y preciosa."
"En cambio, Brisa, con tus acciones y pensamientos, eres simplemente despreciable y repugnante."
Davis, quien usualmente era de pocas palabras frente a los demás, raramente hablaba tanto.
Brisa lo miraba, tan imponente y severo, sintiendo una opresión tan intensa que le dificultaba respirar.
La luz del atardecer caía sobre él, dándole una apariencia casi divina.
Sin embargo, para Brisa, el brillo en él era demasiado deslumbrante.
Esta sensación le resultaba familiar; él y Adda parecían cortados por la misma tijera.
Como si fueran favoritos del cielo, bañados siempre en luz solar.
Eso hacía que la existencia de alguien como ella pareciera más bien la de un musgo que se arrastra en la oscuridad del suelo.
Cuanto más brillaban ellos, más deseaba ella arrastrarlos al abismo, para que también experimentaran el sabor de la oscuridad.
Brisa fue silenciada sin poder decir una palabra. Todo su cuerpo temblaba, lamentándose por la injusticia del destino. ¿Por qué a todo el mundo le gusta Adda?
Brisa permaneció de pie en su lugar, helada, durante mucho tiempo.
Davis se alejó en su coche.
El vehículo avanzaba rápidamente, zigzagueando por la ciudad.
Finalmente, se detuvo. Golpeó el volante con un puño.
Admitió que las palabras de Brisa lo habían perturbado.
No era la primera vez para Adda y él, por supuesto que lo sabía. Pero las palabras que le había dicho a Brisa eran sinceras, desde el fondo de su corazón. Y, por supuesto, eso no significaba que pensara menos de Adda.
Recordó la primera vez que estuvieron juntos, estaba frustrado, no con Adda. Estaba frustrado consigo mismo, por haber tardado tanto en encontrarla.

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