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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 938

—Ya le dejé claro a mi familia que me gustas y que yo soy quien te está conquistando; es un asunto completamente mío. No necesito que se metan a ayudarme y mucho menos les voy a permitir que vayan a arruinar las cosas.

—Lo que pasó es que, seguramente, mi mamá vio que la mamá de Adrián fue a hablar con la señorita Torres y, después de eso, ambos terminaron juntos de forma muy natural. Seguro quiso imitar esa táctica y darme un empujoncito.

—No tiene malas intenciones. Ella misma me ha dicho que, mientras a mí me guste, la que importa es la vida que yo quiera llevar, y que no se meterá a la fuerza. A lo mucho me da un consejo, y ya es cosa mía si la escucho o no.

La realidad era que la familia Morales era de mentalidad muy abierta.

Dejando de lado a la abuela Morales, que sentía que los orígenes de Isabela no estaban a la altura de Álvaro, los demás eran bastante accesibles.

Y considerando que la señora Morales ya estaba muy mayor y mal de salud, su opinión no tenía tanto peso a largo plazo.

Isabela sonrió levemente.

—Lo sé.

—Álvaro… no sé si algún día podré corresponderte. ¿De verdad vale la pena que inviertas tanto tiempo en mí?

—¿Qué tal si al final decido solo tener noviazgo y no casarme, o no casarme nunca en la vida?

Álvaro la miró con firmeza:

—No me importa si vale la pena o no, solo sé que me gustas.

Isabela suspiró.

—Tengo miedo de que, por estar esperándome, dejes pasar oportunidades con alguien mejor. ¿No te gustaría intentar salir en citas a ciegas a ver si conoces a una chica que te atraiga?

—Por el lado de Elías, él sigue insistiendo y no me deja en paz. Jamás me volveré a casar con él, pero siendo realistas, va a ser muy difícil cortar todo contacto por completo.

Isabela no tenía la menor certeza de qué le deparaba el futuro respecto a su relación con Elías.

—Isabela, no me empujes hacia otras mujeres. No quiero ir a citas a ciegas, no lo necesito. Solo me gustas tú. Por muy increíble que sea otra persona, no es a ti a quien estoy viendo. Tú y yo hicimos clic; no hay una explicación lógica de por qué me gustas, simplemente mi corazón latió por ti y me enamoré.

En cuanto escuchó el claxon en el exterior, supo que era ella. El peso en su pecho desapareció al instante.

—Voy a abrir la puerta.

Vanessa se levantó de la silla para dirigirse a la entrada principal; su hermano y cuñada hicieron lo mismo.

Al ver que el coche estacionado era el de Álvaro, no se extrañó. Abrió el portón para que entrara, pensando que tarde o temprano su hija terminaría en una relación con él.

Tenerlo como yerno le agradaba mucho.

Y de la familia que lo respaldaba, Vanessa estaba aún más encantada; no les encontraba ni un solo defecto.

Fátima Silva, la vecina de al lado, escuchó el movimiento y salió enseguida de su casa. Ya se había puesto de acuerdo con Vanessa, diciéndole que quería ir a cenar con ellos porque estando sola en su casa la comida no le sabía a nada, y prefería ir de gorrona para tener un poco de compañía y ambiente.

La pura verdad es que estaba ahí para echarle un ojo a Isabela en nombre de su nieto mayor. Tenía pavor de que, mientras él estaba de viaje, la relación entre Álvaro e Isabela avanzara a pasos agigantados. Si eso pasaba, cuando su nieto regresara, la misión de reconquistar a su exmujer iba a estar en chino.

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