Jimena ya lo sabía todo, así que Rodrigo no se atrevería a mantener a la secretaria en la empresa.
Lo primero era despedirla y contentar a Jimena.
De todas formas, con la secretaria solo era un juego, no había sentimientos reales.
El celular de Rodrigo vibró sobre la mesa.
En ese momento, el celular de Rodrigo recibió un nuevo mensaje de WhatsApp.
Pero no lo revisó de inmediato.
Primero tenía que resolver la crisis que tenía enfrente.
—¿Te llegó un mensaje y no lo ves? A lo mejor es tu amante escribiéndote —dijo Jimena con sarcasmo.
—No, Jimena, de verdad que no.
Rodrigo sacó el celular apresuradamente, abrió WhatsApp y vio que era el resultado de la investigación que había mandado hacer sobre lo que pasó esa noche entre Jimena y Elías. Se lo acababan de enviar.
Era un video.
Lo abrió enseguida. Como tenía volumen, la voz de Jimena resonó en la oficina.
Kevin e Ignacio no reaccionaron al principio, pero conforme escuchaban, la cara de Jimena cambió de color.
Su padre y su hermano también reconocieron la voz en el video: era la de Elías.
—¡Deja de ver eso!
Jimena intentó arrebatarle el celular a Rodrigo, pero su padre fue más rápido y se lo quitó a Rodrigo antes que ella.
Ignacio se acercó para ver el video junto a su padre.
—Papá, hermano, eso es falso, es un montaje, ¡Elías y yo no hicimos nada!
Jimena quiso recuperar el teléfono, pero una mirada fulminante de su padre la dejó helada, y no se atrevió a mover un dedo.
Rodrigo intervino:
—Jimena, la noche que me emborraché, saliste en la madrugada manejando tu coche. ¿A dónde fuiste? ¿Qué hiciste? ¿De verdad creíste que no me iba a enterar?
»Elías me dijo muchas cosas raras al día siguiente, por eso sospeché que algo había pasado entre ustedes.
»Ese video no es falso. Esa noche, tus gritos y llantos debieron despertar a mucha gente. ¿Creíste que nadie te vio?
Jimena se quedó muda.
—Jimena, no te culpo. Sé que sientes algo por Elías. No es que niegue que me amas, pero tu amor no es solo para mí, también es para él. Nos amas a los dos al mismo tiempo.
»Cuando te decepciono, corres a buscar a Elías. Lo tienes de repuesto, creyendo que siempre será tu apoyo, que te esperará toda la vida en el mismo lugar y que solo tendrá ojos para ti.
»Jimena, yo te perdono. ¿Podrías perdonarme tú a mí? Hagamos como que nada de esto pasó y sigamos adelante con nuestra vida, ¿te parece?
Rodrigo ahora tenía con qué negociar; quería cerrar el asunto en paz.

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