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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 843

Rodrigo la detuvo, jalándola para que se sentara en sus piernas, y le dijo:

—Estela, vamos al cine esta noche.

—¿No tiene un compromiso esta noche? La agenda ya está llena, no hay tiempo para el cine. Tendremos que esperar al fin de semana, cuando tengas un hueco. Pero el fin de semana tienes que estar con tu señora.

—Tu señora parece sospechar que traemos algo. La última vez que te emborrachaste y te llevé a casa, fue muy grosera conmigo, tuvo una actitud pésima.

Rodrigo respondió:

—Está bien, veré si puedo hacerme un espacio el fin de semana para llevarte al cine.

—Jimena es un poco paranoica, pero ya le aclaré las cosas. Le dije que no hemos hecho nada, que solo nos entendemos bien en el trabajo.

—No te preocupes por eso, tú solo trabaja bien. Si lo haces bien, te subiré el sueldo.

La secretaria sonrió:

—Eso es obvio, trabajaré duro. Si el señor Rodrigo me valora y confía tanto en mí, sería una ingrata si no le echara ganas.

Rodrigo bajó la cabeza y le mordió suavemente los labios.

—Estela, dame un poco de tiempo.

—No tengo prisa, así como estamos está bien.

—No te va a faltar nada. Cuando tenga tiempo, vamos a ver casas. Te compraré un departamento. Trabajas aquí, así que necesitas un lugar decente. Así luego podrás traerte a tus papás a la ciudad para que vivan bien.

La secretaria estaba feliz por dentro, pero no lo demostró en su rostro. Rodeó el cuello de Rodrigo con sus brazos y le susurró al oído:

—Rodrigo, no hay prisa, vamos paso a paso. Pero ten cuidado, que tu señora no se entere.

—Yo no te pido ningún título ni formalidad, solo que tengamos esa conexión y temas en común. Con que me trates bien me basta.

¿Acaso no empezó así Nuria? Diciendo que solo quería estar con Lorenzo, que no le importaba el estatus, y mírenla ahora.

Si la secretaria quería un departamento, se lo daría.

Mantendría la relación de amantes y, cuando se aburriera, cada quien por su lado. Al fin y al cabo, ambos obtenían lo que querían.

Rodrigo no temía que la secretaria se pusiera pesada en el futuro; si lo hacía enojar, podría hacerla desaparecer sin que nadie se enterara.

El señor Méndez nunca aceptaba amenazas.

Claro, prefería no llegar al extremo de tener que silenciar a alguien.

Lo ideal era que todo terminara en buenos términos.

—Yo no te he pedido ningún lugar oficial, solo quiero que me quieras. Pero la familia de tu señora es poderosa, y tiene al señor Silva, su amigo de la infancia, protegiéndola. Si te divorcias, ¿qué tal si el señor Silva toma represalias contra nosotros?

—Rodrigo, la verdad te admiro. No sé cómo toleras que tu señora trate tan bien a Elías. Cuando están juntos, parecen una pareja de enamorados. La forma en que el señor Silva mira a tu señora está llena de amor profundo.

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