Ni siquiera notó que Elías se había ido.
Pensó que su esposa estaba con él.
Valentina le dijo que se apurara y colgó.
Rodrigo regresó con su padre y le dijo en voz baja:
—Papá, Jimena tomó de más, la voy a llevar a casa.
Lorenzo se sorprendió al oír que su nuera estaba borracha, pero no dijo nada, solo asintió con un sonido gutural.
Con el permiso de su padre, Rodrigo entró apresurado al salón de eventos y notó que ya se había ido la mitad de los invitados.
Rápidamente localizó la mesa en el rincón donde su esposa yacía recostada y se acercó a paso veloz.
—¿Para qué tomaron tanto? —le preguntó a Valentina.
Valentina no estaba borracha; había bebido muy poco, dedicándose más a observar a Jimena.
—Jimena dijo que hacía mucho que no brindábamos juntas. Se le hizo fácil, la plática estaba buena y se le pasaron las copas.
Rodrigo levantó a Jimena con suavidad.
—Mi amor, vámonos a casa.
Jimena abrió los ojos un momento, miró alrededor y los volvió a cerrar, murmurando cosas ininteligibles. Rodrigo no le preguntó nada; la cargó en brazos, le hizo un gesto de despedida a Valentina con la cabeza y caminó hacia la salida del hotel.
Valentina lo vio alejarse y soltó con asco, murmurando:
—Se ve muy decentito, con su fachada de marido perfecto, y por detrás es un infiel. Es una basura, igualito a su padre.
***
El banquete terminó a las once y media de la noche.
Adrián y Mónica se fueron a las once. Como ambos habían bebido, Adrián llamó a su chofer para que pasara por ellos.
Mónica insistió:
—Mi intuición no falla. Presiento que a Arturo le gusta Irene. La forma en que la mira esconde algo, no es obvio, pero ahí está. Ustedes se dejan llevar porque son rivales.
—No se detienen a pensar que puede haber algo más. No sé si tu hermana sienta algo por él, pero de que Arturo siente algo por ella, estoy segura.
—Son de esos que se pelean pero se quieren, una típica pareja de rivales enamorados.
Adrián dejó de reír.
—¿De verdad crees que le gusta mi hermana?
Las mujeres suelen ser más perceptivas.
Al ver a Mónica tan segura, Adrián decidió confiar en su instinto.
Hizo memoria de los encuentros entre su hermana y Arturo. Aunque Arturo siempre terminaba echando humo del coraje, nunca había hecho nada para dañar realmente a Irene.

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