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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 817

—Valentina, yo también quisiera que fueran puros chismes, que no fuera verdad. Pero me enseñaron pruebas. Me está poniendo los cuernos, tiene a alguien más.

—Esa mujer es guapa, joven, tiene buen cuerpo... es justo su tipo.

Valentina se quedó muda.

—Me fue infiel... ¿Cómo pudo hacerme esto? Él se enojaba tanto cuando su papá engañaba a su mamá, ¿cómo tiene corazón para hacerme pasar por el mismo sufrimiento que su madrastra le causó a su familia?

Los ojos de Jimena se enrojecieron. No quería llorar frente a su amiga, pero no pudo aguantarse.

Sentía una impotencia terrible.

Cuando alguien la molestaba afuera, no podía quejarse con Rodrigo, y ahora resultaba que el mismo Rodrigo era quien la lastimaba.

Él prometió consentirla toda la vida, tratarla como a una reina.

¿Acaso "toda la vida" para él significaba solo un par de años?

—Jimena, ¿es en serio?

Valentina por fin recuperó el habla, todavía incrédula.

—¿Estás segura? Esas pruebas, ¿son reales? ¿Lo confirmaste? ¿Conoces a la amante?

—Creo que deberías asegurarte tú misma. ¿Y si es una trampa de alguien que quiere destruir tu matrimonio? Al final del día, mucha gente te tiene envidia.

Jimena levantó la última copa, bebió la mitad y, con los ojos rojos, susurró:

—No lo he confirmado al cien por ciento, pero se nota. Él y esa lagartona tienen una vibra rara.

—Es su secretaria. Una mujer joven y bonita. Nunca me cayó bien, le pedí que la cambiara, pero él no quiso.

—Me dijo que ella era muy eficiente, que si la cambiaba, la nueva no le seguiría el ritmo de trabajo y que quién sabe si tendría la misma capacidad.

—Ellos dos... todavía no se han acostado, solo hay mucho coqueteo.

Valentina dijo:

—Entonces todavía hay salvación. Piénsalo bien, ¿quieres seguir con él? Si quieres seguir, tienes que cortar ese coqueteo de raíz sin que se note.

—Si ya no quieres nada, déjalos que sigan. Espera a que se acuesten y, cuando los atrapes en la movida, podrás pedir el divorcio y sacarle más dinero en la repartición de bienes.

Jimena sintió un nudo en el estómago.

Claro que no quería divorciarse.

Si no hubiera pasado por lo que le hicieron esos desgraciados, podría divorciarse y volver a empezar, incluso buscar a Elías y quizá él la aceptaría de nuevo.

Pero con ese trauma encima, sentía que cargaba una bomba de tiempo. Le daba pánico que, si se divorciaba y volvía a intentar casarse, alguien se enterara y la gente la señalara.

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