—Llama a la policía, Álvaro. Puedes hacerlo —continuó la abuela Morales—. Ahora que sabemos dónde está, deja que las autoridades se encarguen. La policía irá a rescatarla. Esos delincuentes no tienen poderes mágicos para verlo o escucharlo todo; si hacemos la denuncia desde aquí, ¿cómo se van a enterar?
—La policía actúa con discreción. Tenemos que confiar en ellos, son los únicos con la capacidad real para traer a Isabela a salvo.
—Y si Isabela muere por esto, entonces ese era su destino. No podemos culpar a nadie.
—En resumen, mientras me quede un hilo de vida, no voy a permitir que vayas tú solo. Está más que claro que te están preparando una trampa para matarte.
Isabela ni siquiera era parte oficial de la familia todavía. Y aun si lo fuera, entre la vida de su nieto y la de ella, la anciana siempre elegiría a su propia sangre. Si perdía a una mujer, simplemente podría buscarse otra.
Su nieto era un hombre excepcional; si quería casarse, había filas interminables de jóvenes dispuestas a estar con él. Isabela no era la única opción en el mundo.
Además, actualmente solo eran novios. No había anillo de compromiso ni un acta de matrimonio de por medio. La matriarca estaba completamente resuelta a impedir que Álvaro se jugara el cuello por ella.
Por más que su nieto supiera defenderse a golpes, esos secuestradores eran criminales despiadados, asesinos a sangre fría y, para colmo, lo superaban en número. Álvaro solo no tendría ni la más mínima oportunidad.
—¡Abuela! —exclamó Álvaro con el rostro ensombrecido—. ¿Cómo puedes ser tan fría? Si yo no supiera dónde está, si no estuviera al tanto del peligro que corre, sería diferente. ¡Pero lo sé! Ella está esperando que yo llegue a sacarla de ahí. Si le doy la espalda, mi conciencia no me dejará dormir el resto de mis días.
—¿A qué te refieres con que es su destino? El destino de Isabela no es morir de esta manera. Ella es una buena mujer, nunca le ha hecho daño a nadie. Incluso es muy probable que la hayan secuestrado por culpa mía.
—Su patrimonio puede parecer grande, pero en realidad el efectivo del que dispone es limitado. Si los secuestradores quisieran dinero, me habrían llevado a mí, que puedo ofrecer un rescate mucho mayor. Además, exigieron explícitamente que yo vaya en persona y sin compañía. Está claro que el objetivo soy yo.


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