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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1211

Vanessa examinó con detenimiento la expresión de su hija.

—Álvaro es muy comprensivo contigo y te respeta muchísimo. No importa lo que quieras hacer, él no dice ni una palabra y te apoya de forma incondicional.

—Si tienen algún problema, háblenlo, no se peleen. Las peleas lastiman la relación y, por más profundo que sea el amor, si discuten demasiado, terminará desgastándose.

—Mamá, Álvaro y yo no nos peleamos.

—Si no se pelearon, entonces, ¿qué pasó?

Isabela se quedó en silencio. Dudó un momento antes de responder en voz baja:

—Esta mañana, mientras íbamos de camino a la playa, recibimos una llamada de la señora Morales diciendo que Carolina había sido secuestrada.

—Carolina había quedado de ir de compras con una amiga, pero apenas se bajaron del auto, unos delincuentes se la llevaron. Su amiga fue golpeada y terminó en el hospital.

—Con algo así, ¿quién tendría ganas de irse de vacaciones? Así que regresamos a la casa de la familia Morales para pensar en cómo rescatarla.

Vanessa dejó escapar un grito ahogado y preguntó llena de preocupación:

—¿Ya la rescataron? ¿Está herida?

Suponía que ya la habían salvado, de lo contrario Álvaro no habría tenido la calma para llevar a su hija de vuelta a casa.

—Ya la rescataron. Físicamente parece que no tiene ninguna herida grave. Cuando le preguntamos si le habían hecho algo más, nos aseguró que no.

Cada vez que se mencionaba la palabra secuestro, a Isabela le invadía el recuerdo de su propia desgracia en su vida pasada.

Cuando a ella la secuestraron, los delincuentes no querían dinero; la querían muerta. Y antes de matarla, abusaron de ella sin piedad y le desfiguraron el rostro, haciéndola morir de la forma más espantosa.

Carolina era joven y hermosa, y nadie podía garantizar que los secuestradores no se aprovecharan de la situación.

Isabela dejó escapar un profundo suspiro.

—Mamá, a veces, por más cuidado que tengas, es imposible esconderse. Si alguien te pone en la mira, los delincuentes siempre encontrarán la oportunidad para atacar.

—Voy a contratar a más guardaespaldas. Mamá, de ahora en adelante tú y mi tío tampoco pueden salir sin protección. No podemos confiarnos.

Vanessa asintió con seriedad.

—Lo haremos. Entonces, lo del viaje al pueblo con tu tío... ¿Crees que haya algún riesgo? Si no es seguro, mejor no vamos. Esta mañana dije eso solo para que Elías no volviera a venir a pedir comida.

—Manejen un perfil bajo, quédense unos días y luego regresen. Contrataré a varios escoltas para que los acompañen y los protejan.

—En realidad, yo no tengo tantas ganas de ir. Son tu tío y tu tía quienes quieren volver; allí está su casa, sus raíces. Por muy bien que estén en la ciudad, siempre extrañarán su hogar.

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