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Meta de renacer: O me hago rica, o me hago viuda romance Capítulo 1006

Elías se le quedó viendo a su hermana, entendiendo a la perfección lo que quería decirle.

Si le hubiera dicho esto media hora antes, la habría regañado sin dudarlo, negándose a creer que Jimena tuviera algo que ver.

Pero, después de recibir el video del mayordomo de la familia Méndez, no tuvo más remedio que desconfiar. Jimena se había convertido en su principal sospechosa.

Cuando Jimena aventó a su suegra por las escaleras, el mayordomo lo vio todo, pero era imposible que lo hubiera grabado él mismo con el celular. Ese video era una grabación de seguridad que, seguramente, el mayordomo respaldó en cuanto Jimena se fue al hospital detrás de la ambulancia.

A estas alturas, seguramente ya habían borrado la evidencia de las cámaras de la casa de los Méndez.

Sofía se encogió de hombros, temiendo un regaño, y murmuró:

—Yo... yo nomás digo que está muy raro.

—¡No me mires así, hermano! Yo nomás te pasaba el dato. Piensa lo que quieras, yo me lavo las manos. Ya me voy a mi cuarto.

Esa mirada la ponía de los nervios. Dicho eso, dio media vuelta y salió corriendo a encerrarse.

Elías no intentó detenerla ni le dijo nada, simplemente siguió bajando las escaleras.

—Eli.

Su abuela, Fátima Silva, que estaba sentada en la sala leyendo con sus lentes para vista cansada, lo llamó en cuanto lo vio a punto de salir.

Por mucha prisa que llevara, Elías tuvo que acercarse a ella. Le preguntó con voz grave:

—¿Necesita algo, abuela? Tengo una urgencia y ya me voy.

—Siéntate primero, quiero platicar contigo.

La anciana cerró su libro y continuó:

—Tú e Isabela estuvieron casados tres años. Aunque dormían en cuartos separados e Isabela hizo hasta lo imposible por apartarte de Jimena y fracasó, ¿de verdad crees que no sentías nada por ella?

—Claro que sí, nomás no querías admitirlo. Y Jimena lo notó. Tuvo miedo. No soportaba a Isabela, y esa es motivación suficiente para quitársela del camino.

Se detuvo un momento y, al ver a su nieto paralizado, con el dolor reflejado en la mirada, prosiguió:

—Aprovechó que se acababan de divorciar para matarla y hacerte creer que había sido obra de unos secuestradores.

—Como ya estaban separados, sabiendo cómo eres, lo más que harías sería encargarte de los trámites, comprarle un terreno en el panteón y sepultarla. Después de eso, Isabela se borraría de tu vida y tú regresarías corriendo a los brazos de Jimena.

—Volverías a tratar a Jimena igual que siempre, mimándola y adorándola, y así ella y su marido podrían seguir sacando ventaja económica de ti. ¡Cuántas veces no te advertí de esto y siempre te hacías el sordo!

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