Entrar Via

Médico Supremo romance Capítulo 189

El ambiente en el lugar se volvió tenso de repente. La mirada de todos se volvió hacia Fernando, inseguros de si cambiase de postura por respeto a Nataniel. Fernando tenía un pie sobre Yunes, el rostro indiferente y frío.

—Hace cinco años, ofendí a Matías por hacer lo que era correcto. Me vi obligado a huir de Ciudad Jade, pensando que, si él no me encontraba, el asunto estaría zanjado. Nunca imaginé que, tras mi marcha, irrumpiría en mi casa con sus hombres, provocando la parálisis de mi padre durante cinco años y la ruina de mi familia. Así que, cuando regresé, hice una promesa. Nunca volvería a ser una carga para mis padres, ni permitiría que nadie les hiciera daño. De lo contrario… ¡Aniquilaría a toda su familia!

En ese momento, Fernando fijó su mirada en Nataniel, enunciando cada palabra de su pregunta.

—¿Puede garantizarlo, Don Aguilar?

«¡Aniquilar a toda la familia de Yunes!».

Todo el mundo se sorprendió por la crueldad de Fernando.

«¿Qué tipo de experiencias debe uno haber vivido para decir semejante cosa? ¿Qué corazón tan cruel hay que tener para pronunciar semejantes palabras?».

Nataniel frunció las cejas con fuerza.

—No puedo prometértelo. Además, Yunes no puede morir. Debes comprenderlo. Lo único que puedo hacer es que el padre pague por los actos de su hijo.

Eso llevaría a la caída de la Familia Lorca, que era lo máximo que podían hacer. Después de todo, la Familia Lorca contaba con el respaldo de la Familia Guardado, lo que hacía que las implicaciones de cualquier acción fueran demasiado importantes como para soportarlas.

Fernando echó la cabeza hacia atrás y dejó escapar un pesado suspiro. No era tonto. Comprendía naturalmente que los poderosos antecedentes de algunas personas les otorgaban inmunidad frente a la sentencia de muerte. Por ello, sintió indignación en su corazón.

Bajó la mirada para mirar a Yunes, levantó una vez más la pierna derecha y apuntó a la izquierda de Yunes. Nataniel enarcó las cejas con fuerza. Beltrán rugió furioso:

—¡Fernando!

Fernando ignoró por completo la protesta, y su pierna derecha aterrizó con fuerza sobre la rodilla izquierda de Yunes.

¡Crack!

La rodilla izquierda estaba destrozada. Yunes volvió a gritar de agonía, con la voz ya ronca. En ese momento, todas sus extremidades quedaron lisiadas de forma permanente. Las lágrimas de compasión brotaron y corrieron por las mejillas de Jazmín.

Quería hablar y precipitarse, pero no podía pronunciar palabra. Retenida por Beltrán, era incapaz de acercarse. El rostro de Nataniel se ensombreció un poco.

—¿Has tenido suficiente? —Si Fernando estaba decidido a matar a Yunes, no tendría más remedio que detenerlo.

Después de todo, no se podía permitir que Yunes muriera. Esta era la línea roja de la Familia Guardado cuando se trataba de suprimir a la Familia Lorca.

Fernando también comprendió el dilema al que se enfrentaba Nataniel. Tras lanzar una mirada indiferente a Yunes, movió la mano derecha y tres agujas de plata desaparecieron en el cuerpo de Yunes.

—¡Puede que evites la muerte, pero el castigo es inevitable! —Destruyó tres de los acupuntos de Yunes. A partir de entonces, Yunes sufriría un dolor inhumano cada ocho horas.

Beltrán preguntó con voz grave:

—¿Qué le has hecho al Pequeño Tirano?

Reprimiendo su intención asesina, Fernando caminó directamente hacia la puerta principal del jardín.

—Lo que he hecho no es importante. Lo que importa es que será mejor que recuerdes que tu posición no significa nada para mí.

—¡Fernando!

Tras fulminar con la mirada a Beltrán, Nataniel gritó a Fernando:

—¿Y Jazmín?

Como si no hubiera oído a Nataniel, Fernando salió directamente del jardín. Suspirando para sus adentros, Nataniel se dio cuenta de que Fernando estaba realmente furioso. Dándose la vuelta, dijo con cara sombría:

—¡Tomen a Pequeño Tirano y corran de vuelta a Durban!

Beltrán no pudo evitar preguntar:

—Don Aguilar, ¿es apropiado que defienda a Fernando hasta este punto? —Pensó que Nataniel era la razón por la que Fernando se comportaba con tanta impunidad. De lo contrario, este último nunca habría tenido el valor de hacerlo.

—Beltrán, ¿me estás interrogando? Si es así, será mejor que llames primero a Aníbal. Ni siquiera él se atreve a interrogarme. —Con un resoplido frío, Nataniel se marchó, acompañado por Esteban y Ramona. Los soldados, bien entrenados y armados hasta los dientes, también se retiraron del jardín.

Beltrán miró sombríamente a Jazmín, que sostenía con ansiedad a Yunes, pero no podía emitir ningún sonido. Apretando los dientes, se apartó e hizo una llamada. En cuanto se conectó la llamada, la voz impotente de un joven llegó antes de que Beltrán pudiera hablar.

—La muerte de Salomón ha desatado una guerra entre las familias Solís y Mendoza. Los ancianos de las familias están bastante disgustados y me han reprendido. Las acciones del Pequeño Tirano han provocado una vez más que Don Santana y los otros ancianos llamen en persona a mi abuelo. Han decidido destruir a la Familia Lorca. Así que, regresa. Ya no se trata de que la Familia Aguilar proteja a Fernando. Alguien está usando a Fernando para atacar a la Familia Guardado.

Las pupilas de Beltrán se contrajeron de golpe.

—Señor Guardado, ¿está sugiriendo que Fernando no es más que un peón utilizado por esos viejos?

El hombre al otro lado del teléfono suspiró un poco.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Médico Supremo