Los cuatro hombres de negro se quedaron atónitos antes de volver a la pelea con más ferocidad. Fernando esquivó rápido sus ataques antes de extender su pie izquierdo para golpear la pantorrilla de uno de ellos. Un crujido resonó en el aire y el hombre cayó al suelo, agarrándose la pantorrilla y gritando de dolor.
La mirada de Óscar se oscureció. Él también podía pelear como Fernando, ya que estaba bien entrenado. Sin embargo, no podía entender cómo Fernando, alguien que había sido expulsado de Ciudad Jade por Matías en aquel entonces, también se convirtió en un buen peleador. Mientras pensaba en eso, Fernando barrió su pierna en un arco y derribó a los otros tres hombres al suelo. En poco tiempo, Óscar era el único que quedaba en pie.
—Eres talentoso, pero por desgracia, te encontraste conmigo.
—Adelante. Pruébalo.
Fernando levantó su brazo y le hizo señas a Óscar para que se acercara. La acción, similar a la llamada de un perro, enfureció a Óscar. Con un grito de ira, se lanzó hacia Fernando y levantó la pierna para patearlo. No solo quería que Fernando experimentara el dolor, también quería que se arrodillara ante él y le pidiera perdón.
Fernando levantó su pierna más rápido que Óscar, y más alto también, antes de golpearlo en el hombro. El crujido nauseabundo de la clavícula resonó en el espacio y Óscar cayó al suelo. El sudor frío brotó en su frente mientras el dolor y el miedo lo golpeaban como una ola.
«¿Por qué no puedo resistir ni un golpe de él?».
—¿Quién diablos eres?
En lugar de responder, Fernando giró sobre sus pies y lanzó una patada giratoria en el pecho de Óscar. Cuando cayó al suelo, escupió un bocado de sangre y se le rompieron dos costillas. Sin embargo, no hizo ningún sonido de dolor, solo miró a Fernando y preguntó:
—¿Qué tipo de poder tienes?
Fernando se acercó a él y lo miró desde arriba.
—Dijiste que querías romperme las piernas antes, ¿no es así?
Antes de que Óscar pudiera responder, Fernando levantó su pierna y aplastó su mano derecha. El dolor subió por su brazo y no pudo contener su grito de dolor esta vez. Luego, le aplastó la otra mano y las piernas, dejándolo inmóvil por completo. Los otros hombres de negro temblaron al ver el estado espantoso en el que se encontraba. Óscar logró apartar su dolor por un segundo mientras rugía:
—¡Fernando Lemus!
Fernando pasó junto a él y dijo:
—Dile a Tristán cuando vuelvas que a la Familia Cabrera le quedan trece días más. Son bienvenidos a seguir retándome.
Los subordinados de Óscar se acercaron a él después de que Fernando salió del callejón.
—Óscar, ¿qué hacemos?
Solo había odio en los ojos de Óscar.
—Llévenme al hospital primero.
Cuando la paz volvió al callejón, Alisa condujo hasta la entrada. No volvió al hotel después de traer a Fernando. Mirando el sombrío callejón, volvió a llamar a su abuelo.
—Abuelo, Tristán envió a Óscar para enfrentar a Fernando, pero terminó lisiado. Entonces, ¿quién es él en realidad? ¿Por qué Óscar, un luchador del Reino Ámbar de Rango Preliminar no es rival para él? Además, ¿por qué tratas de halagarlo?
Después de un momento de silencio, la voz de un anciano salió del altavoz.
—Haz caso a sus palabras y haz todo lo posible por acostarte con él. Encontrarás la respuesta cuando sea el momento adecuado, no hagas tantas preguntas ahora.
Con eso, la llamada terminó. Alisa suspiró.
—Estúpido abuelo. Parece que debo tomarme en serio lo de acostarme con él.
…
—¿Qué sucedió?
Tristán se quedó asombrado al ver lo herido que estaba. Óscar apretó los dientes y respondió:
—Señor Cabrera, hemos subestimado a Fernando. No soy rival para él. Estoy bastante seguro de que es un luchador del Reino Ámbar de Rango Superior.
—¿Un luchador del Reino Ámbar de Rango Superior?



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