—¿Qué le sucedió a Mati?
El padre de Matías, Tristán Cabrera, rugió como un león furioso en la sala del Hospital General. La severa voz hizo temblar a todo el personal médico del hospital, ninguno de ellos se atrevió a decir nada. Tristán echó un vistazo a su hijo inconsciente y bramó:
—¿Todos están mudos?
Después de abofetear a uno de los guardaespaldas de Matías, ordenó:
—¡Tú! ¡Dime qué pasó!
El guardaespaldas lo contó todo. Le explicó cómo Matías fue a buscar a Fernando, incluyendo todos los detalles. Los ojos de Tristán se volvieron fríos.
—¿Él le hizo esto a Mati?
—No lo creo. Estaba al menos a unos tres metros de distancia de él —respondió el guardaespaldas.
Después de reflexionar uno momento, Tristán llamó al médico y preguntó:
—¿Qué le sucedió exactamente a mi hijo?
El médico respondió con voz temblorosa:
—Hemos reunido a un equipo de expertos y realizado un examen exhaustivo al Señor Matías, pero no pudimos determinar que le sucede. Todo lo que sabemos ahora es que su condición empeora cada diez minutos. Después de varios episodios, las articulaciones de sus extremidades se retuercen y su piel se rasga también.
De repente, Matías comenzó a gritar de dolor. Sus extremidades comenzaron a retorcerse como una cuerda. La expresión en el rostro de Tristán cambió, y les gritó a los doctores
—¡Hagan algo!
Todos los médicos se levantaron de inmediato y le inyectaron un analgésico, pero no sirvió de nada. Al final, tuvieron que sedarlo para calmarlo. Sin embargo, sus extremidades estaban contorsionadas y sangraban. Matías, torturado hasta el punto de ser casi irreconocible, murmuró:
—Papá, debió ser Fernando, él me hizo esto. De lo contrario, ¿por qué estaría así después de encontrarme con él? Esto nunca me había pasado antes. ¡Debes vengarme!
Los ojos de Tristán se volvieron rojos.
—¿Estás seguro de que es Fernando?
—Estoy demasiado seguro —dijo Matías mientras apretaba los dientes—. No tengo idea de a dónde fue durante los últimos cinco años, pero cuando regresó, sus habilidades de combate habían mejorado demasiado. Incluso venció a Pelayo y a sus hombres, que solían trabajar para mí. Además, dijo algunas cosas sospechosas antes de que esto me sucediera. Debe ser él, él me hizo esto.
Tristán frunció el ceño.
—No podemos tocarlo ya que tiene a la chica de la Familia Zavala de su lado. Pero, no te preocupes. Si en verdad es culpable, no lo dejaré escapar.
Si Fernando es el responsable de su condición, solo él tendría la capacidad de sacarlo de esta situación. Después de que Matías se desmayó por los diez minutos de agonía, Tristán salió y le ordenó a su subordinado:
—Contacta a los otros expertos y haz que vengan a tratar a Mati. Quiero que investigues a Fernando y averigües dónde estuvo en los últimos cinco años. También quiero saber si él fue quien le hizo esto a Matías.
Diana despertó a Fernando un sábado por la mañana.
—Mejor levántate, Fernando. Vas a conocer al superior de Rosy por primera vez, me dijo que su superior es muy hábil y que vendió más de treinta autos en un mes. Como resultado, fue promovida al puesto de subgerente. Ahora, ya es la gerente de la tienda. Deberías aprovechar esta oportunidad, ella ya tiene una buena impresión de ti.
Diana continuó recordándole antes de dejarlo salir. Fernando ya estaba frustrado, ya que solo tenía la intención de pasar por el proceso, pero entendía que todos los padres querrían que sus hijos se casaran lo más pronto posible. Después de salir de la casa, Fernando llamó a Alisa para que viniera por él. También le preguntó sobre la Familia Cabrera.
Poco después, Alisa llegó en su Ferrari rojo fuego. Se había hospedado en un hotel cercano para asegurarse de poder encontrarse con él lo más pronto posible. Al subir al auto, Fernando examinó a Alisa por primera vez. Ella era alta, con una figura bien proporcionada y seductora. Su vestido rojo sin tirantes la hacía lucir más sensual. Al darse cuenta de que Fernando la estaba mirando, parpadeó y preguntó:
—¿Qué te parece mi apariencia?
—Clara, larga y alta.
Alisa estaba confundida.
—¿Clara, larga y alta? ¿Qué quieres decir?
Fernando la provocó con una sonrisa.
—¿Qué crees? ¿Qué parte de tu cuerpo es clara, larga y alta?
Como alguien que era de mente abierta, Alisa comprendió de inmediato. Respondió con una risita y dijo:
—Fernando, cuando te conocí la otra noche, pensé que eras alguien que no le gustaba bromear. Pero ahora, parece que eres solo un joven normal.
Fernando miró hacia otro lado.
—Dudo que alguien estuviera de humor para bromear la otra noche.
—¿Puedo hacerte una pregunta? —preguntó Alisa.
—No —rechazó Fernando de inmediato, sorprendiéndola.
En lugar de insistir en el asunto, solo se recogió el cabello y pisó el acelerador. Sus piernas delgadas y claras volvieron a captar su atención, no pudo evitar quedar hipnotizado. Cuando Alisa notó que Fernando la miraba de nuevo, lo provocó:
—¿Te gustaría tocarlas? Puedes hacerlo si quieres, pero debes responder mi pregunta.
Fernando no se avergonzó de que lo atraparan mirando.
—Eres una persona muy abierta. Tengo curiosidad por saber qué te dijo tu abuelo cuando te pidió que me conocieras.
—Mi abuelo me dijo que te sedujera y durmiera contigo si tenía la oportunidad, y soy una persona de mente abierta. ¿Quieres que me detenga a un lado del camino para que puedas experimentarlo tú mismo?
La esquina de los labios de Fernando se contrajo, su franqueza lo tomó por sorpresa. Se aclaró la garganta y miró hacia otro lado.
—Me temo que no me recuperaría si caigo en tu seducción. ¿Por qué no me cuentas más sobre la Familia Cabrera?
Rodando los ojos con coquetería, Alisa dijo:
—Matías desarrolló una extraña enfermedad en la que sus extremidades se retorcían y deformaban cada hora y le causaban sufrimiento. Tristán ha estado buscando expertos para tratarlo, pero hasta ahora no hay ningún progreso. También les ordenó a sus hombres que investigaran en donde estuviste los últimos cinco años.
Fernando ya esperaba que algo así sucediera.
—Que continúe con su investigación, entonces.
Había estado viviendo en las montañas durante los últimos cinco años. Estaba seguro de que nadie más, excepto la élite, podría descubrir su pasado. Alisa preguntó:
—¿Crees que podemos resolver tus viejas cuentas con la Familia Cabrera? Si estás de acuerdo, mi abuelo puede eliminarlos de Ciudad Jade en diez días.
—¿Alguna vez has pensado en la verdadera dulzura de la venganza? —Los ojos de Fernando se oscurecieron al hablar—. La mayoría de la gente cree que matar a tus enemigos de una vez por todas es el mejor método, pero para mí, es mucho más satisfactorio llevarlos al borde de la desesperación, ofrecerles un falso destello de esperanza, y luego, obligarlos a sumergirse en la oscuridad eterna. Así es como quiero desatar mi ira.
Alisa sintió escalofríos por su respuesta. Su enfoque de empujar a la Familia Cabrera a la desesperación para después destruirlos la hizo recordar un cuento de terror. No pudo evitar simpatizar con los Cabrera. Fernando dijo:
—Solo haz lo que te digo, tu abuelo debió darte toda la información necesaria. No hagas demasiadas preguntas.
Alisa asintió en respuesta y lo llevó al concesionario de autos. Fernando salió del auto no tan cerca del lugar, ya que no quería que Rosario lo viera en un Ferrari. Después de verlo entrar en el concesionario, Alisa llamó a su abuelo.
—Abuelo, ¿quién es este hombre? Es más joven que yo, pero irradia una energía que me estresa. Incluso hubo momentos en los que sentí que podía ver a través de mí.
—No hagas tantas preguntas. Solo hazle un favor a la Familia Mendoza acostándote con él —respondió Teodoro.
Alisa rodó los ojos ante la sinceridad de su abuelo.
«¿Es apropiado que un abuelo le aconseje eso a su nieta?».
—¡Fer! ¡Por aquí!
Rosario le hizo señas a Fernando frente a la concesionaria de Porsche. Él se acercó y golpeó la parte posterior de su cabeza.
—Eres un verdadero problema.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Médico Supremo