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Me perdiste, CEO árabe romance Capítulo 4

Samyra salió del salón intentando mantener la espalda recta, aunque sentía que algo dentro de ella se había quebrado hacía apenas unos minutos. El ruido de las risas todavía seguía atorado en sus oídos, como si aquellas palabras se hubieran quedado pegadas a su piel.

Cada paso le dolía, no solo por su pierna, esta vez era distinto.

Como si todas las miradas, las burlas y la humillación hubieran vuelto más pesada su cojera.

Bajó lentamente una de las escaleras hacia el salón de la fiesta, apoyándose apenas en el barandal de mármol. Necesitaba aire. Necesitaba alejarse antes de que las lágrimas terminaran traicionándola.

Entonces sintió una mano sujetar su muñeca.

Se detuvo. No necesitó girarse para saber quién era.

—Samyra.

La voz de Omar sonó seria, confundida.

Ella respiró hondo antes de voltearse lentamente hacia él.

Omar la observaba con el ceño ligeramente fruncido, como si realmente no entendiera qué estaba pasando.

—¿Por qué estás actuando así? —preguntó—. Siempre eres tan tranquila, tan disciplinada… y hoy…

Samyra soltó una pequeña risa sin humor.

—¿Cómo estoy actuando hoy?

Él pareció incomodarse con la pregunta.

—Lo de allá dentro… —dijo finalmente—. ¿Estás molesta por lo que dijeron? ¿Qué es lo que escuchaste?

Ella sostuvo su mirada durante unos segundos.

Qué curioso era verlo preguntar eso después de haberse quedado callado.

—¿Qué parte exactamente quieres saber si escuché? —preguntó con suavidad.

Omar abrió la boca, pero no respondió de inmediato.

Samyra sonrió apenas, aunque sus ojos comenzaban a llenarse de lágrimas que se negaba a dejar caer frente a él.

—No importa, Omar.

Intentó soltarse.

Pero él no la dejó ir.

—Samyra, ellos son unos idiotas, lo sabes. Hablan sin pensar. Si quieres, dejaré de verlos. Puedo echarlos de la fiesta ahora mismo.

Ella lo miró en silencio.

Y por un momento, sintió algo parecido al cansancio.

Porque Omar seguía sin entender.

Creía que el problema eran las palabras.

No el silencio, no la forma en que él había permitido todo.

Samyra negó suavemente.

—No tienes que hacerlo —dijo—. Son tus amigos.

Él frunció más el ceño.

—Eso no significa que tengan derecho a faltarte al respeto.

—Pero aun así lo hicieron.

La frase cayó entre ellos con una calma peligrosa.

Omar guardó silencio.

Samyra bajó la mirada un instante antes de volver a hablar.

—Al final, las personas siempre terminan pareciéndose a quienes eligen tener cerca.

Capítulo: La mujer que mi marido ama 1

Capítulo: La mujer que mi marido ama 2

Capítulo: La mujer que mi marido ama 3

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