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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 490

—No va a haber ninguna guerra —afirmó Dani.

Matías no dudó en cuestionarlo:

—¿Por qué no? Por lo que sé de estrategia militar, si nos seguimos echando para atrás, los enemigos se van a envalentonar más.

—Eso es información clasificada, no puedo dar detalles —respondió Dani con frialdad—. Si no tienen nada más que decir, pueden retirarse.

Jéssica y Matías cruzaron miradas y salieron de la oficina.

En cuanto llegaron a la habitación de Salvador, la expresión de Matías se ensombreció:

—Hace poco me enteré de que un grupo armamentístico llamado 'X' le está vendiendo equipo a la República de Monteverde. Todo indica que va a estallar la guerra, ¿por qué demonios está tan tranquilo yéndose de viaje?

—Porque se dice que la líder de 'X' le vendió a Monteverde un cargamento de armamento de última generación, ideal para zonas extremas, muy superior al que el Grupo Aris le ha estado vendiendo a los países aliados —explicó Salvador, mostrándole un foro de la dark web en su computadora—. ¿Qué ha pasado con Luna? Su padre debe estar vuelto loco. Las ofertas que lanzó el Grupo Aris les salieron contraproducentes. Muchos clientes recibieron un análisis comparativo de la líder 'X' y se dieron cuenta de que las armas de Aris son pura basura. Su reputación se fue al hoyo, así que el panorama bélico está más estancado que nunca.

Matías apretó los dientes:

—Con razón Luna ha andado de tan mal humor. Si no armamos una guerra pronto, nuestras ganancias se van a ir a pique.

Jéssica intervino, con la voz temblorosa de preocupación:

—¿Entonces qué hacemos? ¿Deberíamos comunicarnos con él?

—Ya hablé con ellos por canales seguros —dijo Salvador—. Su plan es provocar un conflicto armado para forzar la renuncia de Dani.

—¿Qué tipo de conflicto? —Jéssica sintió un vuelco en el corazón al ver la cara de su esposo—. ¿No habíamos acordado otra cosa? Si lográbamos convencer a Dani de salirse del partido del presidente, saldría ileso. Hasta podrían haberle dado un puesto en el gabinete si el presidente caía.

—Los planes cambian, mujer. Pero, al final del día, Dani sigue siendo mi hijo. Le perdonaré la vida —sentenció Salvador con voz grave.

El día del viaje, Dani dejó todos los asuntos de su empresa delegados en manos de su asistente y su gente de confianza. Se reunió con Melisa frente a una discreta camioneta tipo van.

Al subirse, Dani se dio cuenta de que había otro hombre sentado en la parte de atrás.

El sujeto levantó la mano a modo de saludo:

—Qué onda.

Dani frunció el ceño:

—¿Leonel Fabián?

—Y luego miró a Melisa—. Si la memoria no me falla, este tipo tiene ficha roja de la Interpol. Gracias a su tremenda habilidad para caracterizarse y cambiar de rostro, se la pasaba vaciando las cajas fuertes de los magnates. Ni siquiera el FBI pudo atraparlo. Terminó con una recompensa de cien millones por su cabeza, buscado tanto por la ley como por el bajo mundo.

—¿Viene con un solo escolta?

—Melisa contestó fría—: ¿Acaso necesito más? ¿Es muy peligroso aquí?

—Para nada —Yago se apresuró a aclarar—. De hecho, a La Esperanza le acaban de dar el premio al pueblo mágico más bonito del estado. Vienen muchos turistas, puede estar tranquila con la seguridad. Pero bueno, ya es tarde y seguro vienen cansados del viaje. Preparé un banquete en el restaurante local, vamos a echar un taco.

El grupo se dirigió a la calle principal de La Esperanza, que estaba bastante concurrida.

Melisa apenas había bajado del coche y dado unos cuantos pasos cuando una silueta oscura salió disparada desde un callejón. Como iba alerta, Melisa intentó esquivarla, pero Dani, que no se había despegado de su lado, ya la había tomado de los hombros y la había jalado hacia atrás para cubrirla.

La chica no logró chocar contra Melisa, pero terminó estrellándose contra un habitante que iba pasando por ahí. Perdió el equilibrio y cayó de sentón al suelo.

Segundos después, un hombre que venía corriendo tras ella la agarró del brazo con fuerza.

—¡Qué carajos haces! ¡¿No ves que tenemos invitados de lujo visitando el pueblo?!

Sin darle tiempo a Melisa de pronunciar una sola palabra, Yago y varios líderes locales rodearon a la chica en un instante. En los ojos de todos se notaba una furia y tensión contenidas.

Mientras arrastraban a la chica varios metros por el suelo, ella se aferró a un poste de luz, clavando la mirada en Melisa. Con los labios temblando, gritó como si se aferrara a su última salvación:

—¡Ayúdeme! ¡No lo conozco! ¡Me secuestraron! ¡Se lo suplico, ayúdeme!

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