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ME ECHARON POR FALSA, VOLVÍ REINA romance Capítulo 474

Mientras sus hermanos ya estaban afilando los cuchillos en la mesa, Melisa intervino con total tranquilidad: —Tranquilos, no hay que precipitarnos. ¿Qué tal si en verdad fue un accidente?

Nicanor la miró con los ojos entrecerrados. —No me digas que eres así de ingenua, hermanita. Si eres demasiado buena, la gente te agarra de su tonta —le aconsejó con tono de regaño paternal.

Melisa soltó una carcajada. —Relájate, Nicanor, sé lo que hago.

Después de la cena, Melisa se puso su ropa deportiva y salió a correr por la noche para recuperar fuerza en las piernas.

Ya llevaba una vuelta a la zona residencial cuando se encontró con Dani, quien también venía trotando en ropa deportiva.

Ella redujo la velocidad. —Qué casualidad.

Dani asintió sin cambiar su expresión seria. —Sí, qué coincidencia.

No se habían visto desde aquel beso. Dani se moría de ganas de verla, así que en cuanto la vio salir por la ventana, se cambió a la velocidad de la luz para topársela de frente.

Le ofreció una botella de agua. —¿No vas a hacer nada con el teatrito de las redes sociales? Siguen insistiendo. ¿Vas a dejar que se salgan con la suya?

Melisa le dio un trago al agua. Una gota de sudor resbaló por su cuello hasta perderse en su camiseta. Soltó un suspiro. —Déjalos que hablen. Todo se va a aclarar pronto.

Dani caminó a su lado por el sendero arbolado y le preguntó con voz suave: —¿Y en qué más has andado ocupada?

—Buscando modelos —respondió Melisa, contándole lo del proyecto Comercial Novierra por pura plática.

Para un evento como El Torneo Central, las marcas solían llevar a actores famosos o supermodelos para desfilar. La línea de trajes de cuatro estaciones de Teresa ya estaba por pasar a producción, así que conseguir a la gente ideal era prioridad.

El problema era que Melisa casi no tenía contactos en la farándula. Solo conocía a Tobías y a Paula. El estilo del proyecto era demasiado juvenil para Paula; Tobías, con su imagen de ídolo pop y rostro de portada, encajaba perfecto, pero todavía faltaba la figura femenina principal. Melisa no tenía ni idea de a quién invitar.

—Conozco a alguien que podría encajar en el perfil. Ahorita justo está en el país grabando una película —sugirió Dani tras pensarlo un momento—. Mañana tengo que ir a hacer unos trámites cerca de su set, ¿quieres acompañarme?

Melisa aceptó. —Me parece bien.

Dani sonrió. Cuando pasaron de la sombra de los árboles a la luz de un poste, Melisa se detuvo de golpe y lo agarró del brazo. —Espérate.

Él se frenó y la miró. —¿Qué pasa?

Como era el atardecer, muchas producciones seguían rodando. El lugar también estaba lleno de turistas con la esperanza de toparse con algún famoso.

Melisa se bajó de la camioneta y echó un vistazo; había gente por todos lados.

—Hay un muy buen restaurante de carnes por aquí, pero como es fin de semana, suele llenarse bastante. —Dani levantó la mano y, con total naturalidad, le acomodó una gorra a Melisa—. Hay mucha gente, mejor pasa desapercibida. Ahorita vienen por ti para llevarte al set. Hago mis asuntos y te alcanzo.

Tras pensarlo un segundo, Dani sacó de su bolsillo un pequeño taser de defensa personal y se lo entregó. —Llámame si pasa cualquier cosa.

Melisa miró el aparato, bastante extrañada. —No necesito esto.

—Yo me quedo más tranquilo —insistió él, mirándola a los ojos.

Melisa no tuvo más remedio que aceptar el gesto. Minutos después, una joven vestida de azul y con ropa informal apareció corriendo hacia ella. Desde lejos, empezó a agitar las manos con entusiasmo. —¡Doctora Melisa!

A Melisa se le hizo conocida de lejos, pero al tenerla enfrente, la reconoció de inmediato. —¿La enfermera de la Marina?

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