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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 756

—¡Cualquier persona con problemas mentales pertenece a un lugar así! —La fría voz de un hombre resonó desde la entrada de la sala.

Renato Jiménez cruzó el salón a zancadas rápidas. Rita se abalanzó sobre él, aferrándose desesperadamente a su traje.

—¡Si Paula cometió un error, pudiste decírmelo a mí! ¡Yo misma la habría castigado para que aprendiera! ¿Por qué la enviaste a un sitio así?

Renato se soltó de su agarre sin el menor atisbo de compasión.

—Por respeto a usted, le di no una, sino dos oportunidades para que recapacitara. Y como no mostró ni un gramo de arrepentimiento, se va a quedar ahí el resto de su vida. No volverá a ver la luz del día.

Adán enfureció.

—¡Mi hija no está loca! ¡Lo que hiciste es un secuestro, es un delito! ¡Ten mucho cuidado, porque te voy a denunciar!

Si no fuera porque Adán albergaba la secreta esperanza de que Paula hubiera encontrado a algún hombre rico que los sacara de la ruina, jamás se habría atrevido a desafiar a Renato Jiménez de esa manera.

La mirada de Renato fue tan filosa como una navaja. Un destello escalofriante iluminó sus ojos.

—Aquí lo espero.

Al final, el mayordomo logró intervenir y obligó a Adán y a Rita a abandonar la casa. El silencio regresó por fin a la sala de estar.

La mirada de Ignacio Jiménez se oscureció al observar a su hijo.

—Esta vez cruzaste la raya.

—Si Magdalena no hubiera contado con tanta suerte, hoy estaríamos organizando un funeral en esta casa. —La mirada de Renato era insondable como la tinta más negra, y pronunció cada sílaba con frialdad—. Habríamos perdido dos vidas de un solo golpe.

El rostro de Ignacio se tensó en un gesto de severidad.

—Incluso si ella cometió un error, no tenías el derecho de enviarla a un pabellón psiquiátrico. ¿Es ese un lugar para un ser humano? Paula es la única hija de Rita.

Susana, que se había mantenido al margen hasta ese momento, estalló. Con la furia a flor de piel, le gritó a Ignacio.

—¡Te pasas todo el día recordando a tu vieja amante! ¡Magdalena es la esposa de tu hijo y lleva a tu nieto en su vientre! ¡Dime, ¿acaso tu corazón sigue siendo parte de esta familia?!

A Ignacio no le quedó más remedio que tragarse sus palabras. Pero, para no perder el orgullo, replicó con irritación.

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