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Me Casé con el que Pagó Mi Venganza romance Capítulo 387

Susana, la señora Jiménez, recorrió la habitación con la mirada y se detuvo en él. Con expresión severa, reclamó:

—Con un incidente tan grave, ¿y ni siquiera se te ocurrió avisarnos a tu padre y a mí?

Los labios de Renato esbozaron una sonrisa sarcástica:

—Aunque yo no les hubiera llamado, alguien más se encargaría de informarles.

A Susana no le importó el tono de su respuesta:

—Ya me enteré de lo que pasó esta vez. Fuiste demasiado impulsivo. Bajo ninguna circunstancia deberías arriesgar tu propia vida...

Renato la interrumpió de tajo, dejando cualquier rastro de respeto a un lado:

—Si viniste a darme lecciones, mejor no hubieras venido.

El rostro de Susana cambió sutilmente. Había extraños presentes, y él se negaba a mostrarle un mínimo de cortesía.

Magdalena intervino rápido para calmar la situación:

—Mamá, no lo tomes a mal. Él está contento de que hayas venido, pero ya conoces su carácter. A veces las palabras le salen más ásperas de lo que quisiera.

Las palabras de su nuera no lograron suavizar el semblante de la mujer. Olga, la empleada de la casa, había llamado a la villa para avisar que ambos estaban en el hospital, y luego Susana había contactado a Camilo para pedirle todos los detalles.

Aunque Camilo había sido muy prudente, ella comprendió al instante que Renato se había herido por culpa de Magdalena.

Beatriz trató de ser empática:

—Consuegra, lo hecho, hecho está. No culpe a los chicos.

A Susana le disgustó profundamente escuchar la palabra "consuegra" y arrugó el ceño instintivamente. Pero, siendo una mujer proveniente de una familia culta y refinada, no le reprochó directamente. En su lugar, utilizó una táctica evasiva:

—Señora Sarmiento, ante este tipo de situaciones, debería entender cómo se siente una madre.

La llamó "Señora Sarmiento" en vez de "consuegra". Por muy despistada que fuera Beatriz, entendió de inmediato el mensaje. Hubo un instante de pura incomodidad antes de que Beatriz cambiara su trato hacia ella.

—La señora Jiménez tiene razón.

Susana no respondió.

—¿Sus padres aún no aprueban que entres a la familia Jiménez?

Magdalena apretó sus labios rosados y guardó silencio.

Fátima no había pronunciado ni una palabra, pero Beatriz soltó un ligero suspiro.

—A fin de cuentas, nuestra familia no está a la altura de los Jiménez. ¿Cómo pudiste ser tan irresponsable de ir a registrar ese matrimonio tan a la ligera? Si ellos siguen sin aceptarte, ¿qué vas a hacer?

Al notar que la frialdad de Susana ni siquiera había perdonado un simple saludo, Magdalena bajó la cabeza apenada.

—Mamá, lo siento mucho. Perdón por hacerte pasar por esta incomodidad.

—Esta incomodidad no es nada. A mí solo me importa que tú vivas feliz. En aquel entonces no debiste... —Beatriz pareció darse cuenta de que no tenía caso seguir dándole vueltas al pasado y terminó su frase con un suspiro lastimero—. Si tienes tiempo libre, ve más seguido a la casa familiar de los Jiménez. Intenta acercarte a ellos.

Magdalena asintió y respondió con voz dulce:

—Lo haré.

Una vez que Beatriz y Fátima se marcharon, Magdalena volvió a la habitación llena de angustia. Susana y la empleada Zoraida seguían ahí. Magdalena saludó llamándola "mamá", pero Susana simplemente la ignoró. A ella no pareció importarle; sirvió un vaso de agua, lo dejó al alcance de su suegra y se sentó al lado de la cama.

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