Ella no se ofendía por el regaño. Le sonreía abrazándose a su brazo:
—Lázaro, ¿no será que tienes miedo de que no me case contigo, y por eso me echas la maldición de quedarme sola para que así me case contigo?
Sin esperar su respuesta, levantaba el rostro y se contestaba a sí misma:
—¡Seguro es eso!
Lázaro la miraba con falsa exasperación y regresaba a buscar desinfectante. Mientras le curaba la herida, murmuraba:
—Con lo distraída que eres, solo yo me casaría contigo. Así que de ahora en adelante quédate a mi lado y no te alejes, porque si te pierdes, ya no te voy a querer.
En aquel entonces, ella jamás imaginó casarse con otro hombre que no fuera él, ni que él se casaría con otra.
...
Paula apretó con fuerza su bolso de perlas al ver que Lázaro, sin importarle su estatus, se agachaba para revisarle el pie a Magdalena. Un destello de envidia brilló en sus ojos.
Magdalena es solo la hija olvidada de la familia Sarmiento. ¿Por qué logró entrar a trabajar en el Grupo Centauro?, pensó.
Y yo, que soy el mayor orgullo de Adán Suárez, ¿por qué ni Renato Jiménez ni Lázaro Guzmán quieren mirarme?
Aunque nuestra empresa no se compara con el Grupo Centauro, somos mucho mejores que la Corporación Sarmiento, que está al borde de la quiebra.
Lo único en lo que ella me supera es en tener una hermana tan refinada y un cuñado tan exitoso.
Aparte de eso, ¿qué otra cosa tiene Magdalena que yo no tenga?
Lázaro seguía arrodillado frente a ella, y Magdalena estaba sumida en sus pensamientos. Ninguno notó la envidia en los ojos de Paula.
Lázaro se puso de pie al terminar de revisarla. Como ella estaba distraída, no le dio tiempo de ocultar la melancolía en sus ojos. Al darse cuenta de que la miraba, giró el rostro rápidamente, sintiendo el rabillo de los ojos frío por las lágrimas contenidas.
Él la miró con serenidad:
—Te llevaré al hospital.
Al ver que Lázaro la ignoró por completo, Paula sintió una oleada de rabia en su interior.
Siempre había sido el centro de atención de los hombres. Que la trataran como si fuera invisible era una humillación intolerable.
Lázaro caminaba a paso rápido con Magdalena en brazos, y Paula los seguía por detrás.
Magdalena aferró la ropa de Lázaro, visiblemente nerviosa.
Aunque era su cuñado, esa cercanía era demasiado comprometedora. Quienes sabían del accidente entenderían que no podía caminar, pero para los demás, parecería que había algo entre ellos.
Era cierto que en el pasado habían tenido una relación, pero ahora, todos en Valle Niebla sabían que él era el esposo de su hermana.
Esa era su única relación ahora.
Si alguien los veía en esa situación y empezaba a murmurar, no solo la afectarían a ella, sino que arrastrarían a Fátima a los chismes.

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