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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 294

Ese hombre solo abría la boca para decir pestes.

Úrsula ya ni quería mirarlo.

—¿No fuiste tú quien lo trajo hasta aquí? Podrían hablar de negocios en cualquier otro lado, pero tenías que traerlo a la casa. Mejor revisa tus propios errores.

Ella giró el rostro.

Al ver su reacción, Lucio apretó los dientes. No quería empezar a discutir con ella delante de Dante, para no parecer que se rebajaba ante el otro.

Se dirigió entonces a Dante:

—Maldita sea, te la has pasado viniendo aquí usando el pretexto de hablar de Clara Castro. Solo sueltas mentiras con el único objetivo de reavivar las llamas del pasado con ella. Tienes mucho descaro para hacer eso frente a mis narices.

—Desde el principio te dije que me investigaras —respondió Dante—. Nunca intenté ocultar nada. Eres tú el que es arrogante, prepotente y crees que estás por encima de todos.

—No te falta labia, señor Dante —dijo Lucio—. Qué pena que te ofrezcas como amante y ni así te quieran.

—Con el señor Silva como un ejemplo tan pésimo, tarde o temprano ella cederá —replicó Dante.

Lucio lo miró por encima del hombro, conociendo a Úrsula a la perfección.

—La integridad de tu supuesto 'primer amor' deja mucho que desear, sobre todo en comparación con la reputación que tú intentas proyectar.

—Nunca me ha importado la reputación ni tener un título oficial, siempre y cuando pueda quedarme a su lado. ¿Acaso el señor Silva puede decir lo mismo? —retó Dante.

Lucio se volvió hacia Úrsula.

—Escucha nada más lo profundo que suena tu exnovio. No ha venido a destruir la casa, ha venido a unirse a la familia.

—...

Úrsula levantó las manos y se tapó los oídos.

No quería escuchar ni mirar.

—Cuando estemos hablando, no la metas a ella en esto —advirtió Dante.

Ese tono de reproche, tan lleno de autoridad, haría creer a cualquiera que Dante era el dueño de la casa.

Dante apretó el puño a un costado y, tras una pausa, soltó:

—Ella no te ama.

Se lanzaban ataques uno tras otro, como si estuvieran en un debate.

Por lo que Úrsula llevaba escuchando, estaba claro que Dante no tenía los argumentos suficientes para ganarle a Lucio.

Suspiró al mirar la comida desperdiciada en el suelo.

Tal como Úrsula lo había previsto, la furia de Lucio ya había escalado lo suficiente y Dante estaba a punto de ser echado a patadas.

Mejor que se resolviera de una vez; de verdad no tenía energías para lidiar con el drama de esos dos. Tal vez su vida había sido demasiado tranquila últimamente y por eso se aburría.

Úrsula se quejaba en silencio.

Sin embargo, al segundo siguiente, escuchó a Lucio declarar con una confianza arrolladora y contundente:

—Ella me ama.

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