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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 285

Durante todo su día de trabajo, Lucio se mostró más distraído de lo habitual.

Esto fue especialmente evidente cuando revisó las propuestas presentadas por su equipo y, en una rara excepción, no fue exageradamente exigente ni las devolvió para que las rehicieran.

Antes de que terminara la jornada, Tomás pasó por la oficina del presidente.

Las noches de invierno caían pronto, y a esa hora el cielo ya tenía un tono oscuro y grisáceo.

Lucio estaba de pie frente al inmenso ventanal, con la mirada serena, observando los rascacielos a la distancia. A ambos lados del río que cruzaba gran parte de Nueva Alborada, las luces ya estaban encendidas.

Tomás abrió la puerta y entró.

—Jefe, ¿me buscabas?

Lucio soltó un ligero murmullo afirmativo sin voltear. Con su mirada oscura, seguía contemplando el paisaje nocturno.

—Creo que voy a necesitar descansar un tiempo. Ya dejé organizados los asuntos de la empresa, así que mantente atento. No te estreses demasiado, con que te asegures de que no haya errores, es suficiente.

Ante ese anuncio tan repentino, Tomás se quedó desconcertado y preguntó:

—¿Por qué ese descanso de la nada? ¿Estás herido, jefe?

Lucio seguía de espaldas a Tomás, con las manos en los bolsillos y su postura impecable.

—Aún no.

Tomás no entendió nada.

—¿Eh? ¿Cómo que aún no?

Lucio chasqueó la lengua y lo miró de reojo.

—Solo haz lo que te digo y ya. No creo que deba enseñarte a no hacer preguntas que no te incumben.

El tono era de pura impaciencia.

Tomás inmediatamente se llevó la mano a la boca, hizo el gesto de cerrar una cremallera y levantó el pulgar en señal de estar de acuerdo.

Con todo aclarado y organizado, la charla terminó.

—A la señorita Zacarías. Su asistente estaba en la subasta y me hizo el favor de conseguirlo.

Otro nombre del que Lucio no tenía idea.

Observó el perfil suave y radiante de su rostro, y se dio cuenta de que Úrsula tenía bastantes amigos en Nueva Alborada.

Con su personalidad dócil y nada presumida, era el tipo de persona que se llevaba bien con todo el mundo, dondequiera que estuviera.

Fue en ese momento cuando a Lucio le cayó el veinte: ella ya conocía a casi toda la gente que lo rodeaba, pero él apenas sabía algo sobre el círculo de amistades de su esposa.

La razón principal no era que Úrsula hubiera sido forzada a entrar en el mundo de Lucio, sino que, mientras ella lo iba conociendo a él, nunca había tomado la iniciativa de integrarlo a su propia vida.

Salir a cantar, ir a cenar, hacerse sesiones de fotos, ir a probar restaurantes de moda... Si Lucio no le preguntaba directamente, ella jamás mencionaría una sola palabra de su colorida vida social frente a él.

Al pensar en eso, Lucio empezó a dudar. ¿Por qué el amor de Úrsula no se parecía en nada al de las telenovelas románticas? Sus límites parecían ser anormalmente estrictos.

Sin embargo, la respuesta a esa duda le llegaría pronto. Justo después de la cena, Lucio encontró una explicación que, en apariencia, tenía bastante sentido.

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