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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 270

Ricardo soltó una risa siniestra.

—¿Y bien? Te lo advierto, si no vienes, voy a violar y matar a Clara Castro, y luego te la enviaré en pedazos. ¿Ya tomaste tu decisión?

La mirada de Lucio se volvió glacial.

—Iré a verte solo. Pero si te atreves a tocar a Clara, te juro que te haré rogar por la muerte.

Ricardo resopló con desdén.

—Ya tienes la dirección. Si no te veo aquí esta misma noche, prepárate para recoger su cadáver mañana.

Sus amenazas resonaron con total claridad en la sala. Esto no era una broma.

Ricardo había dado un ultimátum.

La llamada se cortó.

Lucio bajó la mirada, permaneció inmóvil en el sofá, maquinando un plan perfecto.

Mientras tanto, Dante miró disimuladamente hacia el piso de arriba.

Era de noche, así que Úrsula debía estar en su habitación.

Dante sabía perfectamente que ella ya estaba casada. Sabía que no debía acercarse más, y que ella misma rechazaba su cercanía.

Debía haber dado un paso atrás. Pero ella no vivía tan bien como él había imaginado.

Ahora mismo, Lucio estaba moviendo cielo y tierra por otra mujer. Aunque Lucio pudiera darle a Úrsula todo el dinero y el poder del mundo, ¿qué pasaba con el amor? ¿Con el afecto?

Siempre habría grietas emocionales de las que él podría aprovecharse.

Mientras Dante se perdía en sus pensamientos, Federico lo miró con desesperación.

—¿Qué vamos a hacer?

Dante levantó la vista al escuchar su nombre.

Miró a Federico y luego se volvió hacia Lucio.

—Federico y yo podemos quedarnos afuera como apoyo.

Siempre era bueno tener un plan B.

Lucio se levantó del sofá y miró a Dante por encima del hombro.

—Solo asegúrate de vigilarlo a él.

—Entendido, Lucho.

Con todas las instrucciones dadas y los roles asignados, estaban listos para dividirse.

Lucio estaba a punto de salir de la sala rumbo a las afueras para encontrarse con Ricardo, cuando de pronto se detuvo y se dio media vuelta. Ante la mirada de todos, comenzó a subir las escaleras de tres en tres.

Dante apretó los puños mientras lo veía alejarse. A fin de cuentas, Lucio era el esposo legítimo, y él no.

Mientras tanto, en la habitación del segundo piso.

Con tantas personas reunidas esa noche, Úrsula ya había notado que algo grave pasaba.

Iba a ser una noche muy larga.

De pie junto a la puerta, había dejado una pequeña rendija abierta para escuchar cada palabra de la conversación de abajo.

No importaba de qué se tratara, ella no tenía nada que ver con sus problemas, excepto por un solo detalle: el nombre de Ricardo Beltrán.

Úrsula bajó la mirada, ocultando cualquier pensamiento que cruzara por su mente.

Los pasos en la escalera se escuchaban cada vez más cerca.

Úrsula reaccionó al instante. Caminó de puntillas hasta la cama, se metió bajo las sábanas y fingió estar completamente dormida.

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