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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 264

Lucio interceptó su mirada justo en ese instante.

*Mira eso, Úrsula está mirándome a escondidas otra vez.*

Cada uno de sus movimientos confirmaba las sospechas de Lucio. Parecía que todas esas telenovelas que veía Diego realmente servían de algo.

Lucio levantó la mano, abrió la palma y, con un tono casi resignado, dijo:

—Tráeme el florero.

Ya que ella quería dárselo, lo aceptaría.

No es que estuviera conmovido ni que tuviera otras intenciones, simplemente al escritorio de su estudio le hacía falta un buen adorno.

Al escucharlo, Úrsula se quedó paralizada un par de segundos. Miró el florero que acababa de arreglar y que planeaba poner en la repisa, y luego miró la mano extendida de Lucio.

Tras un momento de duda, se levantó de la alfombra, se acercó y le puso el florero en las manos.

—Toma.

Lucio sostuvo el florero de cerámica. Lo observó un par de minutos, sin mostrar agrado ni desagrado.

Durante ese tiempo, el sofá a su lado se hundió ligeramente.

Lucio miró de reojo y notó que Úrsula se había sentado junto a él, con una expresión de profundo conflicto.

Muy cerca.

Lucio no sabía qué hacer con una Úrsula que, de tanto amarlo, se había vuelto tan dependiente que necesitaba pegarse a él hasta para sentarse en el sofá.

Giró la cabeza y observó el rostro ligeramente tenso de la joven, frunciendo levemente el ceño. Pensó en ordenarle que no se sentara a su lado.

El sofá era enorme, podía sentarse en cualquier otro lado. Aunque era invierno, la calefacción de la villa funcionaba perfecto y no hacía tanto frío.

Si hoy se atrevía a sentarse a su lado, mañana seguro se atrevería a sentarse en su regazo.

El contacto físico estaba bien, pero la cercanía impulsada por sentimientos románticos era inaceptable.

Habían acordado que esto era solo por interés, sin emociones de por medio.

Qué terca era.

Al enamorarse sin permiso, estaba volviendo la convivencia demasiado incómoda.

Lucio puso la cara severa e impecable de un profesor estricto que acaba de atrapar a su estudiante más brillante en un romance de secundaria.

Úrsula pensó: *Efectivamente, ya lo sabe. Me está dando la oportunidad de confesarlo por mí misma. Ha cambiado mucho, ya no es tan irracional como antes.*

Era la oportunidad perfecta. No podía desperdiciarla.

Se humedeció los labios y se inclinó hacia él.

—¿Ya te enteraste, verdad?

Lucio ya estaba mentalizado, así que no se sorprendió en lo absoluto. Sin embargo, para evitar que ella se emocionara demasiado, mantuvo su expresión de piedra.

—Sí.

Guardarse las cosas es asfixiante, pero una vez que se dicen, es como si te quitaran un peso del pecho.

Úrsula sintió que hasta podía respirar mejor. Sin embargo, al ver el semblante serio de Lucio, se apresuró a aclarar:

—No fue mi intención ocultártelo.

Apretó suavemente el brazo de Lucio y lo movió un poco.

Lucio bajó la mirada hacia los dedos posados sobre su brazo, interpretando el gesto a su manera.

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