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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 244

Se acercaba el Fin de Año y todos estaban bastante ocupados. El clima también se volvía más frío y en Nueva Alborada ya habían caído un par de nevadas ligeras que se derretían apenas tocaban el suelo.

Sergio Zapata tenía un palco privado exclusivo en el Club DEVIL. Era un aficionado a la bebida y de vez en cuando mandaba mensajes al grupo para reunir a la gente.

Lucio, por respeto, aparecía de vez en cuando; siempre eran las mismas caras conocidas.

Sin embargo, ese día, al entrar al palco, notó un rostro nuevo.

O mejor dicho, no tan nuevo, ya que ambos sabían exactamente quién era el otro.

Al ver entrar a Lucio, Sergio se acercó emocionado y le ofreció un trago.

—Eres el más difícil de invitar, ¡maldita sea! Cada vez que te llamo parece que estoy invitando al presidente.

Lucio tomó la copa y se sentó en uno de los sofás individuales.

—¿Quién tiene la capacidad de beber todos los días y todas las noches sin morir, como tú? Tienes más resistencia que una cucaracha.

Sergio no se molestó en absoluto, soltó una carcajada y, señalando con la mano, hizo las presentaciones:

—Este es el joven Arriaga. Dante Arriaga.

Lucio levantó la mirada sin mucho interés.

Dante estaba sentado en el sillón individual de enfrente. Al mirarse, sus ojos se encontraron.

Tobías Benítez lo había llevado. El círculo de Nueva Alborada era tan grande como pequeño; era inevitable cruzarse tan rápido.

Los contactos de Sergio en Nueva Alborada llegaban a todas partes, eran más complejos que una red de autopistas. No le presentaba gente a cualquier persona al azar, así que, si hacía las introducciones, era porque había algún interés de por medio o porque el invitado era alguien de estatus elevado.

Lucio no le quitó importancia a la presentación de Sergio y tomó la palabra:

—Nos vimos hace poco en el banquete, señor Dante. Sin embargo, ese día tuve que retirarme temprano y no me pude quedar. Le pido disculpas.

—No es nada —respondió Dante—. Ya que es una feliz coincidencia encontrarnos aquí hoy, quiero proponer un brindis por usted, señor Silva.

Al terminar, levantó su copa hacia Lucio y se la bebió de un solo trago.

Hablar con él ya era darle suficiente importancia; Lucio no se bebía todo lo que le ofrecían.

Mientras Dante ya había vaciado su copa, Lucio solo dio un sorbo de manera perezosa.

Al ver esto, Sergio le sacó el dedo del medio a Lucio a escondidas.

¡Por suerte él mismo había invitado a este tipo arrogante! Menos mal que Dante era conocido en Nueva Alborada por sus excelentes modales y gran educación; ya tenía buena reputación incluso antes de irse al extranjero y no se ofendería por una pequeña muestra de desinterés.

Sergio trató de suavizar el ambiente con una carcajada:

Lucio levantó la mirada con aire perezoso.

—Su pasado no me interesa. El mío, en cambio, es observado por muchos.

Desde que llevó a Federico Arriaga a un lado durante el banquete para hacerle preguntas, Lucio sabía que la familia Arriaga terminaría buscándolo.

Tal y como esperaba, estaban incluso más ansiosos de lo que imaginaba, pues comenzaron a investigarlo al día siguiente del banquete.

Dante fue directo al grano:

—Ya que conoció a Fede, asumo que ya sabe la verdad sobre su identidad. En efecto, él solía ser Facundo Castro, pero no tiene vínculos de sangre con la familia Castro.

Lucio comenzó a dar ligeros golpecitos en el reposabrazos con los nudillos.

—Es hijo de la esposa de Gustavo Castro y de su tío. ¿Me equivoco?

Dante no esperaba que Lucio supiera incluso eso, pero asintió con la cabeza.

—Así es. Por lo tanto, si busca vengarse de la familia Castro, eso no tiene nada que ver con Fede, ni mucho menos con su hermana Clara Castro.

Cuando su asistente, Fabián, había investigado el pasado de Lucio, descubrió que, en su juventud, este había ofendido accidentalmente a Gustavo Castro y fue arrojado a un cuadrilátero clandestino donde fue torturado durante casi medio año. Incluso estuvo a punto de que Gustavo le cortara las extremidades para venderlo en el extranjero como fenómeno en espectáculos para clientes con fetiches retorcidos.

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