Úrsula sentía la intensa mirada de Sara Montero sobre ella, como si estuviera esperando a que explotara o se quebrara, pero Úrsula no le iba a dar ese gusto.
Simplemente no lograba entender por qué una empresaria brillante y líder de su propia familia de repente se comportaba como una chismosa de pasillo.
Soltó un largo suspiro, decidió seguirle el juego a esa loca y preguntó:
—Y dime, ¿a dónde quieres llegar con todo esto?
Úrsula extendió las manos y se inclinó un poco hacia ella.
Al ver que por fin lograba captar su atención, Sara arqueó una ceja con aires de superioridad.
—A lo que voy es que no todo es color de rosa. Luchi lleva mucho tiempo buscando a una mujer, y me imagino que estás al tanto de eso.
Úrsula se quedó callada un instante y, con total honestidad, negó con la cabeza.
—No tenía ni la menor idea.
—¿En serio no lo sabías? —Sara cruzó los brazos, burlándose—. Se nota que no hay mucha confianza entre ustedes.
A Úrsula le pareció de lo más rara la actitud de Sara.
—Ustedes han sido amigos por muchos años, es obvio que sabes más cosas sobre él que yo. Además, tampoco es que él y yo nos contemos hasta el más mínimo detalle de nuestras vidas.
La verdad es que le morían de ganas por preguntarle a Sara si estaba enamorada de Lucio y quería conquistarlo, y si esa era la razón por la que lo llamaba con tanta familiaridad y la trataba con esa sutil hostilidad.
Pero por educación, se contuvo; de hacerlo, parecería que estaba montando una escena de celos sin sentido.
Al fin y al cabo, los amigos que tuviera Lucio eran muy su problema, Sara incluida.
Sara apretó la copa con más fuerza, sus nudillos poniéndose blancos.
—Úrsula, no me importa si tu actitud de niña buena es real o fingida. Lo que vengo a decirte hoy es que esa mujer, sea quien sea, es muy importante para Luchi y podrían dar con ella en cualquier momento. Si estás de acuerdo, podemos unir fuerzas y quitárnosla de encima antes de que sea un problema. Pero la gente de Villa Cielo Abierto no suelta prenda, así que necesito que averigües con Luchi el nombre de esa perra.
Esa era, en realidad, la razón por la que Sara se le había acercado.
Sara se quedó desconcertada.
—¿Qué quieres decir?
Úrsula habló con serenidad.
—Tú dijiste que me envidiabas, pero la verdad es que yo te admiro a ti.
Sara le devolvió la mirada y, con los dientes apretados, replicó:
—¿Admirarme a mí? ¿Por qué? ¿Por los años que he sido amiga de Luchi? Si te soy sincera, para él, soy igual que Lola o cualquier otra aparecida.
Su tono estaba cargado de un amargo auto desprecio.
—Me entendiste mal —le aclaró Úrsula—.
—Admiro tu perseverancia y tu fuerza. Sé que tuviste una vida difícil en la calle, pero nunca te rendiste, trabajaste y estudiaste hasta salir adelante. Teniendo casi mi edad, ya lograste levantar y liderar a toda tu familia. En cambio, yo me dejé consumir por el rechazo de mis padres y perdí tantos años de mi vida sin saber qué hacer. Puede que no seamos cercanas, pero la mujer en la que te has convertido es todo lo que yo aspiro a ser.

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