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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 235

Úrsula levantó la mano y le dio un golpecito en la boca por insolente.

—¿Vas a seguir con eso?

Lucio sopló suavemente en su oído.

—Vaya, no sabía que tenías tantos amigos como para quedarte cantando hasta la madrugada.

Si él no le hubiera pedido a Rosa que la llamara, seguro se habría quedado de fiesta hasta el amanecer con aquel grupito de niñas ricas.

Úrsula soltó un suspiro y habló con calma.

—Ya estaba por venirme, pero en eso llegó la señorita Jiménez e hizo todo un drama.

Todos en el privado se quedaron intentando consolar a Julieta. Aunque Úrsula apenas la conocía, no le pareció prudente irse y dejarla así.

Lucio continuó abrazándola desde atrás. Disfrutaba de la conversación, sabiendo que era una excelente táctica para desviar su atención.

—¿Cuál señorita Jiménez?

—La que se casó con un miembro de la familia Lozano.

Ese detalle hizo que Lucio lograra ubicarla en su memoria.

No era que él le prestara mucha atención a los chismes, pero lo había escuchado durante una salida con Sergio Zapata y otros conocidos.

Hace más de medio año, cuando la familia Valdés hizo lo imposible por aliarse con los Silva, las familias Jiménez y Lozano también celebraron su boda. Ambos matrimonios ocurrieron con menos de un par de semanas de diferencia, por lo que era común que la alta sociedad los comparara.

A diferencia de los Valdés y los Silva, que eran mundos completamente opuestos, los Jiménez y los Lozano estaban al mismo nivel. Un matrimonio entre pares siempre parecía más sólido y prometedor.

Y para rematar, con todo el alboroto del heredero falso en la familia Silva, más de uno apostó a que el matrimonio entre Úrsula y Lucio no llegaría ni a los seis meses.

Pero el tiempo había pasado. Medio año después, la pareja por la que nadie apostaba seguía viento en popa, mientras que el matrimonio perfecto de los Jiménez y Lozano se estaba cayendo a pedazos.

Úrsula se estremeció de pies a cabeza, a punto de soltarse de la barra. Sus manos estaban empapadas en sudor.

Al ver que ella estaba al límite, Lucio dejó de jugar y aceleró el ritmo. Cuando terminaron, la tomó en brazos y la llevó de vuelta a la habitación para darse un baño.

Después de asearla, secarla, ponerle un pijama suave y recostarla en la cama, Lucio salió a contestar una llamada. Cuando volvió a entrar a la recámara, Úrsula ya estaba profundamente dormida bajo las cobijas.

La noche estaba envuelta en un silencio absoluto, y en el ambiente reinaba una inmensa paz.

Con el control remoto, Lucio cerró las cortinas. Luego, se metió en la cama, acomodó la cabeza de Úrsula sobre su brazo y la atrajo hacia él.

A diferencia del desastre andante que eran los Lozano y Jiménez, ellos no habían tenido el más mínimo problema últimamente. Su relación, tanto en la intimidad como en lo público, era impecable, al grado de que Tobías Benítez y sus amigos no dejaban de comentar asombrados que ellos sí eran el modelo a seguir de un matrimonio arreglado.

Si seguían manejándose con esa civilidad, el día que murieran podrían compartir la misma tumba. Bajo tierra, se darían un apretón de manos y dirían 'fue un placer haber compartido esta vida contigo, gracias por tu esfuerzo', antes de despedirse e irse cada quien por su lado al inframundo.

Nada mal.

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