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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 213

Cuando Lucio apartó la vista de su trabajo, experimentó una extraña y casi ridícula sensación de paz, algo que no había sentido en muchísimos años.

Bajó la mirada casualmente y observó a la mujer entre sus brazos.

Los ojos de Úrsula estaban fijos en la pantalla de la computadora, leyendo con total concentración.

Lucio levantó la rodilla, dándole un suave golpecito.

Ella apartó la mirada de inmediato.

—No vi nada.

—Adivina si te creo —dijo Lucio.

Úrsula guardó silencio.

Él le acarició el lóbulo de la oreja y la miró de reojo.

—¿Tienes alguna idea para este proyecto?

—No tengo experiencia en esto —respondió ella, negando con la cabeza.

Cuando intentó involucrarse por primera vez en la empresa de los Valdés, Wilfredo le cerró todas las puertas, lo que la había dejado completamente en la ignorancia respecto a esos asuntos.

—Mientras quieras aprender, nada es un problema, es muy sencillo —susurró él, acercándose a su oído—. El de la cama te puede enseñar, y el de fuera de la cama también. ¿Quieres aprender?

De vez en cuando le gustaba soltar frases atrevidas; al fin y al cabo, era un pícaro experto en todos los sentidos.

Úrsula desvió la mirada.

—... Sí, quiero aprender.

Lucio le pellizcó suavemente la cintura.

—Acláramelo, ¿el de la cama o el de fuera de ella?

La acorraló con la pregunta.

Úrsula no pudo evitar darle un empujoncito, pero él aprovechó para abrazarla con más fuerza.

Ella no tenía cómo ganarle a alguien como él.

Lucio se conformó con haberla molestado un poco y, adoptando un tono más serio, continuó:

—Después le pediré a mi asistente que te prepare algunos archivos y casos antiguos completos para que los leas. Si no entiendes algo, vienes y me preguntas.

Úrsula levantó la mirada hacia él.

—Está bien —accedió ella, añadiendo con cortesía—: Gracias de antemano.

A Lucio no le gustaba que le hablara con ese tono tan formal.

Al decir esto, la mirada de Lucio volvió a endurecerse, y su voz adquirió un tono de advertencia directa:

—Úrsula, no hay marcha atrás, tú me elegiste.

En apenas un minuto, Úrsula presenció los cambios drásticos de humor de aquel hombre, y sintió cómo la ira se acumulaba en su pecho.

Apenas era el segundo día de casados, y él ya intentaba reescribir la historia, hablando como si hubiera sido ella quien le rogó que se casaran.

Además, no había dicho absolutamente nada, y él ya asumía que quería echarse para atrás, lanzándole advertencias una tras otra.

Úrsula tomó un par de respiraciones profundas.

—No es que no quiera que me beses...

—Entonces, ¿por qué me muerdes? —preguntó Lucio, clavando sus ojos en los de ella.

Úrsula frunció levemente el ceño y señaló el brazo de él que rodeaba su cintura.

—Aflójalo un poco.

Le dolía la cintura.

Lucio, al comprender, aflojó el agarre de inmediato.

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