Entrar Via

Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 206

A Úrsula casi se le corta la voz; cerró los ojos sintiendo que la palabra le quemaba los labios.

Un rubor comenzó a extenderse por las mejillas de la chica, bajando por su cuello pálido y esbelto hasta desaparecer en el escote de la camisa, dejando a la vista sus delicadas clavículas.

Los oscuros ojos de Lucio se clavaron en el lóbulo de su oreja, que ahora lucía de un rojo tentador.

Esta vez no se contuvo.

Se humedeció los dientes y, sin previo aviso, abrió la boca y le dio un mordisco.

Úrsula ahogó un gemido, sus pestañas temblaron con fuerza y, sintiéndose incómoda, intentó apartar la cabeza.

Pero su cuerpo estaba firmemente atrapado por el hombre.

Lucio levantó la mano, apartó un mechón suelto que caía junto a su oreja y rozó con sus afilados dientes la suave piel de su lóbulo.

El cuerpo de Úrsula emitió un leve e incontrolable escalofrío.

Su respiración se volvió un poco agitada.

Pero, sobre todo, el aura abrumadora y persistente de este hombre frente a ella ya no intentaba reprimirse en lo absoluto ahora que tenían el acta de matrimonio.

Una presencia dominante la envolvió por completo.

La apretó contra su pecho y comenzó a devorarla milímetro a milímetro.

Sus dientes pasaron del lóbulo a su mandíbula, mordisqueando con una fuerza calculada, dejando ligeras marcas en su piel.

El aliento cálido del hombre rozaba el suave vello de las mejillas de Úrsula, mientras su gran mano aferraba la fina cintura de la chica.

Estaba medio recostada sobre él; no tenía escapatoria.

Úrsula ladeó el rostro, con la mitad de la cara completamente encendida, y habló con la voz temblorosa:

—No aquí.

Era pleno día, en medio de la calle.

Afuera, los autos y los transeúntes iban y venían.

Apenas acababan de firmar los papeles.

Úrsula no sabía si decir que este hombre no tenía nada de paciencia o si tenía demasiada, al punto de haber esperado religiosamente a que todo fuera legal para ponerle un dedo encima.

Sin embargo, apenas habían pasado unos minutos desde que era legal.

Las yemas de los dedos de Úrsula se posaron en su hombro, empujándolo con firmeza para hacerle entrar en razón.

Al estar tan cerca, no se atrevía a bajar la mirada a la ligera.

Los labios de Lucio estaban justo al lado de su mandíbula; Úrsula podía escuchar claramente cada una de sus respiraciones.

—Esta noche.

El hombre tardó un buen rato en soltarla; las yemas ásperas de sus dedos acariciaron su mejilla y solo le susurró esas dos palabras al oído.

Después de firmar, no se quedaron de brazos cruzados, ambos tenían que trabajar.

Sin embargo, cuando Úrsula regresó, se encontró con que tenían una visita.

Era alguien que nunca había visto.

Lucio levantó la barbilla para presentarlo:

—Él es Joaquín Lemus.

Joaquín esbozó una ligera sonrisa; en su mirada había un claro escrutinio.

—Hola.

Úrsula asintió.

—Hola.

Ella era muy perceptiva con las emociones ajenas. Con solo ese breve saludo, se dio cuenta de que este hombre no era como Lola o Tomás. La forma en que la miraba se parecía mucho más a la de Bruno Zúñiga. No era odio puro, pero definitivamente no era simpatía.

Joaquín había viajado desde la zona oriental esa misma tarde. Originalmente, él estaba a cargo de ese territorio, y ahora que Lucio pretendía repartir parte de su pastel, era imposible que no lo supiera.

Justamente por saberlo, su actitud era la misma que la de Bruno.

Al ver a Úrsula por primera vez, Joaquín no encontró nada especial en ella que la diferenciara de otras mujeres; solo pensó que las acciones de Lucio eran sumamente descabelladas.

No, más que descabelladas, parecía como si lo hubieran embrujado.

Cuando Bruno llamó a Joaquín, le había gritado por teléfono que el jefe se había vuelto loco.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro