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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 203

Úrsula cayó de nuevo en sus brazos.

Lucio bajó la mirada hacia ella, con un destello oscuro en los ojos.

—¿Quieres arrepentirte?

Se inclinó ligeramente, pasó un brazo bajo las rodillas de la chica y la acomodó de nuevo sobre sus piernas, asegurándola con más firmeza.

Úrsula agarró su corbata involuntariamente y levantó la cabeza, mirando la marcada línea de su mandíbula.

—No.

El ceño fruncido de Lucio se relajó un poco, y soltó una leve risa.

—Entonces, ¿por qué huyes?

Úrsula tragó saliva en silencio.

—¿Estás entregando más de la mitad de tu fortuna solo para acostarte conmigo?

Parecía la típica estafa perfecta.

¿Cómo podía Úrsula creerlo?

Ella quería poder, pero todavía no había perdido la cabeza.

Lucio bajó la cabeza, cruzando su mirada con la de la mujer entre sus brazos.

Observó su mirada cargada de cautela. En ese momento, deseó que Úrsula hubiera heredado un poco de la ingenuidad de Wilfredo Valdés, en lugar de estar mirándolo con tanta desconfianza a estas alturas.

Era jodidamente frustrante.

Lucio chasqueó la lengua.

—¿Acaso necesito dar tantas vueltas para acostarme contigo? ¿Quién te crees que eres para que te entregue tantas cosas en bandeja de plata?

Solo haría esto una vez en su vida, y era para elegir a su esposa legal.

Él le hablaba de matrimonio, y ella le hablaba de intercambio de dinero por sexo.

Entregar la mitad de la familia Silva para acostarse con una mujer... vaya que era «generoso».

Lucio no pudo evitar soltar una risa llena de irritación.

No sabía de dónde sacaba Úrsula el talento para enfurecerlo todo el tiempo.

Él le levantó la delicada barbilla.

—Lo que quiero es una esposa legítima, no una amante.

Al terminar de hablar, abrió la mano de ella.

Un objeto frío y pesado cayó en su palma.

Era aquella pistola.

Úrsula apretó los labios.

—Te elijo a ti.

Cuatro palabras cayeron en el aire.

El entorno se sumió en un silencio sin precedentes.

Los dedos del hombre que tamborileaban sobre el apoyabrazos se detuvieron.

Él levantó la mirada, y una oscuridad profunda se concentró en sus ojos rasgados.

—No escuché bien.

Úrsula apretó los labios y lo repitió:

—Dije que te elijo a ti.

La mano grande que sostenía su cintura se apretó de repente. Lucio se inclinó hacia adelante y la levantó un poco.

En un instante, sus respiraciones chocaron.

La mirada de Lucio se clavó en ella profundamente. Sin apartar los ojos, recogió el bolígrafo negro del suelo y se lo entregó.

Él sentenció:

—Firma.

Ese tono sonaba incluso más impaciente que el de Úrsula, la verdadera beneficiada de todo esto.

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