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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 178

Eduardo la reprendió: —¡Cuidado con cómo le hablas a nuestro hermano mayor! Tampoco es que tengas nada importante que hacer, no te vas a morir por quedarte un rato más.

Le echó una mirada de reojo a Adriana y agregó: —A menos que tengas algo que ver con esto. Solo los que tienen la conciencia intranquila tienen prisa por irse.

Adriana lo miró con furia, su delineado afilado resaltaba en sus ojos: —No me eches la culpa de tus basuras. Para acusar, hay que tener pruebas. Además, dime, ¿qué gano yo con esto?

Soltó un bufido frío y continuó con su tono indolente: —Era un estorbo vivo, y ahora que está muerto, resulta ser una molestia que nos quita el tiempo. Los hijos de nuestro hermano mayor tienen un talento especial para arruinarnos el día.

Esa frase estaba cargada de veneno para mucha gente.

Lucio no le dirigió la mirada a nadie; su atención seguía fija en el señor Silva.

Por su parte, doña Mercedes levantó la barbilla y miró fijamente a Adriana: —Di una palabra más y te haré esperar de rodillas.

Sus ojos reflejaban una clara amenaza.

Al ver que no le permitirían salir, Adriana rodó los ojos y se apoyó contra la puerta, diciendo en tono casual:

—Como sea, nuestra familia no es tan grande. El que más se beneficie de la muerte del hijo menor es el culpable. Eso salta a la vista.

Parecía un comentario cualquiera.

Pero apenas terminó de hablar...

El salón de los ancestros quedó en un silencio sepulcral.

En menos de un minuto...

Úrsula notó cómo las miradas de todos los presentes se clavaban fijamente en su dirección.

Ella estaba recostada contra Lucio, pero de inmediato se enderezó un poco.

Doña Mercedes, que estaba al frente de todos, notó el repentino cambio en la atmósfera y su expresión se transformó drásticamente.

Si había alguien feliz por la muerte de Caleb, esa era ella. Su alegría era tan inmensa que hasta se le notaba en el rostro.

Pero, al fin y al cabo, Caleb solo era un bastardo. Ella creía conocer bien a su esposo y asumía que el señor Silva no haría tanto escándalo por algo así.

Sin embargo, la realidad no fue como ella lo esperaba.

Sintió las miradas escrutadoras clavarse en su espalda.

Doña Mercedes se cruzó con la mirada furiosa que el señor Silva intentaba reprimir: —¿Por qué me miras así? ¿Acaso sospechas de mí?

—La madre de Caleb falleció, solo quería traerlo a vivir con nosotros —dijo don Gonzalo.

Luego pasó su mirada furiosa de su esposa a Lucio y gritó: —¡Confiesa ahora mismo! ¡¿De quién fue la idea?!

Ese tono confirmaba de golpe todas sus sospechas.

—¡¡Gonzalo Silva!!

Doña Mercedes gritó a todo pulmón, provocada por esa acusación.

Miraba al señor Silva sin dar crédito a lo que oía; todo su cuerpo temblaba.

El revés repentino la llenó de dolor y rabia. Y justo después, cruzó por su mente una deducción tan fugaz que casi no pudo atraparla, pero que fue suficiente para derribar la soberbia que la había caracterizado media vida.

Y con otro más, el fuego alcanzó a Lucio.

Los hermanos Eduardo y Adriana aparentaban discutir, pero en realidad actuaban en sincronía para atar la muerte de Caleb a un complot de la rama principal.

Y el aniversario luctuoso era justo la ocasión perfecta, cuando todos los miembros de la familia estaban presentes.

Que algo así ocurriera en este momento preciso.

A río revuelto, ganancia de pescadores.

Si Caleb estaba muerto, y Lucio y doña Mercedes se convertían en los blancos de la ira...

El único que ganaba con todo esto era solo una persona.

Los dedos de Úrsula se encogieron ligeramente a sus costados.

Comprendió de repente por qué la reacción de doña Mercedes había sido tan fuerte.

Todo era una trampa calculada milimétricamente. Desde que los rumores sobre Caleb empezaron a circular para generar escándalo, alguien ya estaba moviendo las piezas.

Un reconocimiento público tan descarado, proclamando amor incondicional por el hijo frente a todos.

Y después, lanzar la acusación directamente contra doña Mercedes sin dudarlo.

Quedaba claro que la muerte de Caleb solo pudo ser obra de una persona.

Úrsula levantó la mirada poco a poco, clavándola directamente en don Gonzalo.

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