Entrar Via

Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 158

Por otro lado, esa misma noche, Tomás fue a recoger a Lucio para llevarlo de vuelta a Villa Cielo Abierto.

El auto salió del estacionamiento subterráneo de la empresa y se incorporó al tráfico nocturno.

Lucio iba sentado en el asiento trasero, jugando con su teléfono.

Antes, tenía la intención de llamar a Rosa para avisarle que no cenaría en casa, pero al momento de colgar, pulsó por error el número de Úrsula.

Cuando se dio cuenta, la llamada ya estaba en curso.

Sin embargo, no hubo conexión.

El sistema indicó que ella estaba en otra llamada y le pidió que intentara más tarde.

Lucio colgó.

Había supuesto que Úrsula, al ver la llamada perdida, se comunicaría de vuelta creyendo que era algo importante, pero hasta ahora, no había recibido ni siquiera un mensaje de ella.

El interior del auto estaba a oscuras.

Lucio miró la pantalla de su teléfono, abrió la conversación y sus largos dedos comenzaron a teclear:

La llamada de hace un rato fue un error.

Terminó de escribir, pero su dedo se quedó sobre el botón de enviar, dudando.

Justificar una llamada accidental sonaba a excusa, y hacer algo así podría dar la impresión de que le daba demasiada importancia.

Unos segundos después, Lucio borró el mensaje letra por letra.

Cerró el teléfono con el rostro impasible y giró la cabeza para mirar por la ventanilla.

Las luces de la calle pasaban a toda velocidad hacia atrás.

En el asiento del conductor, Tomás manejaba con ambas manos en el volante y comentó de forma casual:

—Hace rato que había tráfico, tuve que desviarme para llegar a la empresa, y la ruta nueva del GPS me hizo pasar justo enfrente del centro de arte de la señorita Valdés. Qué casualidad, ¿no?

Lucio levantó la mirada.

—¿La viste?

Tomás negó con la cabeza.

—No, nada más le eché un ojo al edificio.

Lucio guardó silencio.

Bajó la ventanilla y la brisa de la noche se coló en el auto mientras se alejaban del centro de la ciudad.

El hombre en el asiento trasero giraba su teléfono distraídamente con sus largos dedos, denotando aburrimiento.

Después de un largo rato, la voz profunda del hombre resonó en el interior del auto:

—Vamos a ver.

Tomás no entendió a la primera.

—¿Ver qué?

Lucio apretó los labios y respondió con el tono más indiferente del mundo:

—A ver cómo quedó su centro de arte.

Al fin y al cabo, su princesita andaba todo el día fuera de casa, no contestaba el teléfono y ni siquiera volvía a dormir.

—Mhm.

El ánimo del hombre pareció volver a su estado de apatía con aquel simple sonido afirmativo.

Tomás guardó silencio y se dirigió hacia la entrada principal.

El Bentley negro cruzó un par de semáforos, solo les faltaba girar en la última esquina para llegar, cuando escuchó la voz de Lucio.

—Estaciónate aquí.

—Entendido.

Tomás detuvo el vehículo lentamente junto a la acera.

A esa hora de la noche, casi no había nadie por la zona y todo estaba muy tranquilo.

Tomás miró por el espejo retrovisor.

Ya habían llegado, pero Lucio ni siquiera miraba hacia el centro de arte; en cambio, estaba recargado en el asiento, con los ojos cerrados.

Era imposible adivinar lo que pasaba por su cabeza, incluso Tomás no tenía idea de qué intentaba hacer su jefe.

Ya estaban ahí, pero él no le dedicaba ni una sola mirada.

Pasaron unos quince minutos.

De pronto, Tomás vio aparecer en la entrada amplia y vacía del edificio una silueta fina y hermosa.

Era Úrsula que acababa de salir.

Tomás se sorprendió un poco; no esperaba que ella siguiera en el centro de arte a esas horas.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro