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Matrimonio por error: Mi esposo es un CEO malandro romance Capítulo 154

Úrsula permaneció en la sala alrededor de media hora.

Justo cuando terminó su vaso de jugo, Lucio se lo quitó de las manos y lo dejó sobre la mesa.

—Vámonos, es hora de ir a casa —dijo él.

Se puso de pie y se dirigió a la salida con pasos largos.

Úrsula se levantó para seguirlo.

El grupo aún no tenía intenciones de irse y seguramente seguirían de fiesta.

Antes de salir, ella se despidió de todos.

Lola levantó ligeramente la barbilla, alzó una ceja y, con su actitud característica, respondió:

—Nos vemos.

Dejaron el Palacio del Ocaso.

El Bentley negro se integró al tráfico nocturno de la ciudad.

Las ventanas estaban abajo y una brisa de temperatura perfecta se colaba, alborotando el cabello de ambos.

Más adelante, el semáforo se puso en rojo.

Lucio pisó el freno y detuvo el auto suavemente.

Sostenía el volante con una sola mano, con la vista fija al frente.

Un momento después, Úrsula escuchó la voz del hombre a su lado.

—¿Así que tienes a alguien a quien no puedes olvidar?

De repente sacaba el tema a colación.

Acurrucada en el asiento del copiloto, ella giró la cabeza.

—Sí.

Los nudillos de los largos dedos de Lucio, que descansaban sobre el volante, tamborilearon ligeramente.

—¿Un exnovio? —preguntó, lanzándole una mirada casual de reojo.

Ella asintió.

—Sí.

Lucio alzó una ceja con una expresión de quien ya lo sabía.

Parecía haber ocurrido un accidente más adelante porque se formó un embotellamiento. Los autos estaban detenidos en fila india y, a lo lejos, se escuchaba la sirena de una ambulancia.

Lucio miró hacia afuera.

Al parecer, iban a tardar un buen rato en avanzar.

Como si estuviera aburrido, continuó con la conversación en tono relajado:

—¿Todavía estás enamorada de él?

—¿De qué te ríes?

—De nada —respondió él—. Solo no esperaba que hubieras estado en una relación.

—Fue en la universidad. Ya pasaron varios años —dijo ella, mirándolo de frente—. ¿No te lo esperabas?

Lucio asintió con la cabeza.

Hizo una pequeña pausa y, de manera casual, volvió a mirarla de reojo.

—Aún menos esperaba que contrataras a un chico para entretenerte.

...

Y así, de vuelta al mismo tema.

Úrsula se escurrió en el asiento como si no tuviera huesos, con el rostro ardiendo de vergüenza.

—Fue solo un accidente —balbuceó.

Si le contaba eso a Yara, se estaría riendo de ella por un mes.

Úrsula se frotó las orejas calientes, sintiéndose muy incómoda.

Por suerte, en ese momento, el accidente de más adelante fue despejado.

Los oficiales de tránsito dirigieron la enorme fila de autos, y el camino finalmente quedó libre para avanzar.

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