Sentí algo extraño en sus palabras. Luca normalmente está tan lleno de confianza, siempre hablando del futuro con un optimismo contagioso. Pero esta vez, había un tono pesado en su voz, como si estuviera preparándome para algo que no quería que escuchara.
—¿Qué quieres decir con "mientras viva"? —pregunté de nuevo, esta vez con más firmeza.
Él no respondió. Sus ojos seguían fijos en el paisaje del otro lado de la ventana, mirando el cielo de Roma que comenzaba a nublarse. Vi cómo su mandíbula se tensaba, los músculos de su cuello se endurecían. Llevaba un peso encima, algo que me ocultaba.
—Hay muchas cosas que aún no te he contado. Sobre mi vida, sobre los negocios de mi familia, sobre los enemigos que tengo.
Me acerqué, poniéndome a su lado.
—Cuéntamelo. Soy tu esposa. Tengo derecho a saber.
Inhaló profundamente y luego exhaló lentamente. Sus ojos seguían mirando hacia afuera, pero pude ver el reflejo de la tristeza en ellos.
—Mi padre construyó este imperio desde cero. Pero para construir algo grande, tienes que pisar a mucha gente. Tienes que hacerte de muchos enemigos. Yo heredé todo eso, heredé la riqueza, el poder, pero también deudas de sangre y rencores incontables.
Sentí el pecho oprimido. —¿Qué tipo de enemigos?
—Enemigos que no se detendrán hasta verme muerto. Hay familias rivales, ex socios de negocios que se sienten traicionados, gente que lo perdió todo por las decisiones de mi padre y que ahora me ven a mí como su objetivo.
Apreté su mano con más fuerza. —Pero tienes seguridad, tienes mucha gente que te protege.
Él rió suavemente, pero fue una risa amarga. —La seguridad no es suficiente. Esa gente tiene recursos ilimitados. Pueden contratar sicarios de cualquier parte del mundo. Pueden envenenar mi comida, hacer explotar mi coche, dispararme en plena calle. He sobrevivido durante años, pero cuanto más grande es mi poder, más gente quiere verme caer.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Matrimonio Forzado : La Obsesión del Mafioso Italiano