Al llegar a la mansión, vi varios coches lujosos estacionados en el jardín. Había varios hombres con trajes negros de pie junto a la entrada, y podía oír voces graves desde el interior del salón. Luca parecía un poco inquieto al ver el bullicio.
—Mi padre está en una reunión con sus hombres.
Asentí, sin darle demasiada importancia. Solo quería ir a la habitación y tumbarme un rato. El día había sido agotador, tanto física como emocionalmente.
Pero mientras cruzábamos el salón, Serafina apareció entre el grupo de hombres de traje negro. Caminaba con elegancia, su vestido rojo ondeando, con una dulce sonrisa en el rostro. Se acercó a Luca y le tomó del brazo.
—Luca, cariño —dijo con voz melosa—, mañana tengo que ir a Roma. Hay un asunto importante que debo resolver. ¿Puedes llevarme? No quiero ir sola.
—Tengo que llevar a Camila a Estados Unidos mañana. Tiene asuntos importantes que resolver allí.
—¿Asuntos importantes? Ah, ¿Camila todavía tiene que arreglar lo de su renuncia? Creí que ya había decidido dejar su carrera.
—Sí, ya lo decidió. Pero aún hay trámites que hacer, y la acompañaré —dijo Luca.
Serafina se mordió el labio, conteniendo la emoción.
—Pero esto es muy importante. De verdad te necesito.
—Puedes pedirle a mi chófer que te lleve, o puedes ir en tren. Hay muchas opciones. Pero ya le prometí a mi esposa que la acompañaría.
Vi a Serafina apretar los puños, pero intentó mantener la calma.
—Está bien, lo entiendo. Me arreglaré sola.
Me miró con los ojos fríos, se dio la vuelta y se fue.
Luca me tomó de la mano y me llevó a la habitación. En cuanto la puerta se cerró, le pregunté:
—¿De verdad me vas a llevar a Estados Unidos?
—Claro que sí. No voy a dejarte ir sola.
—Pero tu padre, la reunión, tu negocio...
—Todo eso puede esperar. Tú eres mi prioridad. Siempre lo has sido.
Lo abracé con fuerza.
—Gracias.
Correspondió a mi abrazo y luego me miró con seriedad.

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